Burnout postvacacional: por qué sigues quemado tras las vacaciones

Tu cuerpo descansa, pero tu mente sigue atrapada en la rueda del estrés laboral
Síndrome del trabajador quemado ¿vasta con las vacaciones? / Freepik

Las vacaciones deberían ser un respiro para la salud mental, un paréntesis reparador para dejar atrás el estrés laboral. Sin embargo, muchas personas regresan al trabajo igual de agotadas, o incluso peor, enfrentándose nuevamente a la ansiedad, la fatiga y la desmotivación. ¿Por qué ocurre esto? La respuesta está en los estresores laborales que no desaparecen y en cómo se afronta la vuelta a la rutina.

Según Cristina Marinela Goilean, profesora de Psicología en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), la reincorporación tras el descanso suele venir cargada de tareas acumuladas, presión por ponerse al día y urgencias constantes, lo que neutraliza rápidamente los beneficios del periodo vacacional. Además, investigaciones recientes advierten que la duración de las vacaciones no garantiza una recuperación real si no se logra una desconexión profunda durante ese tiempo.

Calidad mejor que cantidad

La calidad del descanso importa más que la cantidad. Desconectar psicológicamente, relajarse, compartir tiempo con seres queridos y realizar actividades gratificantes son elementos clave para que el descanso sea verdaderamente reparador. «Cuanto mejor logremos desconectar, mayores serán los beneficios para la salud y el bienestar», afirma Goilean.

Pero el cansancio puede ir más allá del simple estrés postvacacional. Existen distintas formas de malestar psicológico derivadas del trabajo, y reconocerlas es fundamental para actuar a tiempo:

Burnout, burnon o boreout

  • Burnout: Se trata de un síndrome reconocido por la Organización Mundial de la Salud, producto de una exposición prolongada al estrés crónico. Se caracteriza por agotamiento emocional, cinismo, despersonalización y baja realización personal. Sus consecuencias afectan tanto al rendimiento como a la salud física y mental, e incluso pueden extenderse al entorno familiar o de trabajo.

  • Burnon: Es una forma más silenciosa de agotamiento. La persona sigue cumpliendo con sus obligaciones, pero lo hace con tensión constante, síntomas físicos y una profunda pérdida de sentido laboral. Aunque no colapsa, vive en un estado de malestar constante, lo que algunos expertos definen como una “depresión enmascarada”.

  • Boreout: En el otro extremo, el boreout se produce cuando el trabajo se vuelve monótono, poco estimulante y vacío de propósito. Este fenómeno ha aumentado, según el psicólogo organizacional Adam Grant, y afecta especialmente a quienes no encuentran sentido ni motivación en sus tareas.

Frente a estos síndromes, identificar el tipo de malestar es el primer paso para evitar una recaída. Pero también es crucial modificar los factores estructurales que generan ese malestar: cultura corporativa tóxica, sobrecarga, falta de reconocimiento o escasa posibilidad de desarrollo profesional.

Las vacaciones, aunque necesarias, no son una solución mágica. Para prevenir el agotamiento, el cambio debe ir más allá del descanso: implica revisar el entorno laboral, establecer límites claros y fomentar una cultura de bienestar real dentro de las organizaciones. Solo así, el retorno al trabajo dejará de ser una fuente de sufrimiento para convertirse en una nueva oportunidad.


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