Noja, la localidad costera cántabra situada a poco más de una hora de Bilbao, presenta estos días una imagen completamente vacía, con calles y playas prácticamente desiertas mientras la temperatura ronda los 6 grados y muchos visitantes optan por celebrar los últimos días de fiesta en sus casas o evitar la alerta de frío.
De 2.600 habitantes en invierno, a 100.000 en verano
Estos días la fotografía está circulando en las redes sociales. Una calle totalmente vacía en pleno centro de la localidad. Este contraste con el verano no podría ser más marcado. En la temporada de verano, Noja multiplica su población habitual decenas de veces, pasando de poco más de 2.600 habitantes censados en invierno a cifras que pueden acercarse a los 80.000 o incluso 100.000 personas, entre veraneantes, segundas residencias y visitantes durante los picos turísticos de julio y agosto. Esta estacionalidad extrema convierte a la villa en uno de los destinos del norte más dinámicos durante las vacaciones, con playas llenas, alojamientos completos y un flujo constante de visitantes, especialmente desde el País Vasco y otras zonas cercanas.
Ritmo tranquilo de pueblo
En invierno, sin embargo, Noja recupera su ritmo tranquilo de pueblo, con pocos peatones y actividad reducida, una realidad muy distinta a las imágenes de verano en las que las terrazas y paseos junto al mar se llenan de vida. Este contraste, visible en la foto que acompaña esta noticia, revela cómo un destino turístico puede transformarse radicalmente según la estación del año, mostrando tanto la calma del invierno como el bullicio de los meses estivales