En las calles de Bilbao, entre conversaciones de sobremesa y recuerdos de infancia, hay una palabra que evoca un tiempo en el que el refresco burbujeante era algo más que una bebida: Iturrigorri. No era solo una gaseosa; era historia local, identidad colectiva y parte del juego de los niños que jugaban con sus chapas con la misma ilusión con la que hoy se comparte una historia de barrio.
Tradición desde 1930
La historia de Iturrigorri se remonta a principios del siglo XX, cuando La Vizcaína S.A., una fábrica de cervezas, hielo y bebidas gaseosas ubicada en el barrio de Rekalde, popularizó una limonada efervescente que conquistó paladares en toda Vizcaya. Fue fruto de una tradición que venía de tiempos anteriores, con antecedentes como la Gaseosa Bilbaína de 1907, pero alcanzó fama propia bajo el nombre de Iturri Gorri, registrado como marca en 1930.
Origen del nombre
El nombre mismo, tomado de la fuente de Iturrigorri, un manantial de aguas ricas en hierro cuyo color rojizo llamó la atención de generaciones, daba a la bebida un aura de origen natural y local, aunque la fábrica empleaba aguas de otros manantiales cercanos para su elaboración.
«los iturris»
Lo que muchos bilbaínos recuerdan con una sonrisa no es solo el sabor dulce y refrescante, sino el “iturri”: el tapón corona metálico que cerraba las botellas y que pronto se convirtió en palabra común en la ciudad para designar esas chapas con las que los niños jugaban en la calle, haciendo carreras o simulando partidos. Esa costumbre popular convirtió un simple cierre de botella en un símbolo de comunidad y diversión.
Diferentes variedades
Durante décadas, la botella verde clara con diseño distintivo, registrada en 1928 y patentada como modelo industrial en 1949, fue omnipresente en bares, cafés y hogares bilbaínos. Gaseosa Iturrigorri también estuvo acompañada de otras versiones —como refrescos de naranja o ginger-ale— y su producto marcó una época antes de la llegada masiva de marcas globales en los años 70 que transformaron hábitos de consumo.
De la gaseosa a la cerveza
Con el paso del tiempo la fábrica original cerró (la producción en Bilbao cesó tras sucesivas fusiones empresariales y cambios de propiedad) y la marca quedó en manos de grupos cerveceros como Heineken España. Aunque hoy la producción se ha desplazado fuera de la villa, concretamente a León, la distribución y presencia visual de las antiguas botellas se mantienen en la memoria de muchos, y en la localidad vizcaína de Arrankudiaga sigue el envasado y reparto de bebidas bajo ese nombre.
Entre chapas y tesoros
Para quienes crecieron en Bilbao, Iturrigorri no fue solo una gaseosa: fue parte de la banda sonora de días de verano, meriendas tras el colegio y conversaciones en las barras de los bares cuando el mundo parecía un poco más simple. Esa mezcla de sabor local, ingenio infantil (convertir chapas en tesoros) y arraigo en la cultura popular es la razón por la que, incluso décadas después de su auge, Iturrigorri sigue siendo recordada con cariño y nostalgia.
En tiempos donde lo global tiende a borrar lo local, la historia de Iturrigorri es un recordatorio de lo que significa un producto hecho aquí —en Bilbao—, que durante generaciones conectó a las personas no solo con un refresco, sino con una identidad compartida