Cuando otra tragedia ferroviaria sacudió Bizkaia: el tren de Urduliz que dejó 33 muertos

El 9 de agosto de 1970 dos trenes que circulaban por la línea entre Plentzia y Bilbao colisionaron frontalmente en un tramo de poca visibilidad
Momento posterior a la tragedia de Urduliz / Ayuntamiento de Plentzia

La tragedia ocurrida en Córdoba tra a la cabeza de muchas personas otro terrible accidente ocurrido en Bizkaia. Han passdo ya  56 años del trágico accidente ferroviario de Urduliz, uno de los siniestros más devastadores en la historia del ferrocarril vasco y una herida que aún permanece viva en la memoria de muchas familias de la comarca. Fue el 9 de agosto de 1970 cuando dos trenes que circulaban por la línea entre Plentzia y Bilbao colisionaron frontalmente pocos minutos después de las 19:30 horas en un tramo de visibilidad reducida.

La tragedia se produjo cuando el convoy que venía de Plentzia, lleno de viajeros que regresaban de pasar el día en la playa, chocó contra otro tren vacío que había salido de Urduliz para reforzar el servicio. La violencia del impacto, a unos 45 km/h, fue brutal. 33 personas murieron en el acto y más de 165 resultaron heridas.

«La gente bajaba a ayudar con las toallas de la playa»

Testimonios de aquel día siguen estremeciendo a quienes los escuchan. Muchos recuerdan cómo en Urduliz “empezaron a escucharse las sirenas y la gente, incluso con toallas de la playa, bajaba a ayudar sin pensarlo”. La escena que siguió fue de caos y dolor: viajeros lanzados fuera de los vagones, otros atrapados entre hierros torcidos y escenas de auxilio improvisado mientras bomberos, vecinos y equipos médicos llegaban al lugar.

Un error humano

La investigación determinó que la causa fue un error humano: el jefe de estación de Urduliz dio la salida al tren vacío antes de tiempo, cuando aún no era seguro hacerlo. Aunque entonces las autoridades señalaron esta responsabilidad, pronto salió a la luz que ese mismo jefe de estación llevaba días trabajando turnos agotadores de hasta 16 horas sin descanso, sin ayudante y realizando múltiples tareas.

Hoy es parte de la historia ferroviaria vasca, pero también un recuerdo humano de vidas truncadas, familias que nunca olvidaron y de una comunidad que se volcó en ayudar. Se dice incluso que “el accidente le mató también a él”, refiriéndose al jefe de estación, quien nunca pudo superar nunca lo ocurrido y falleció años más tarde por el pesar que le marcó para siempre.


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