Las tragedias colectivas, como el accidente ferroviario de Córdoba, dejan una huella profunda que va mucho más allá de las cifras. Familias rotas de forma inesperada, menores afectados y entornos enteros tratando de sostener un dolor para el que nadie está preparado. En este contexto, los servicios de acompañamiento psicológico en duelo se convierten en una pieza clave para evitar que el sufrimiento se cronifique.
Con este telón de fondo, hemos entrevistado a Begoña Guijarro, psicoterapeuta familiar y responsable del servicio BETIRAKO, un recurso especializado en duelo impulsado por Agintzari con la colaboración de Gobierno Vasco a nivel autonómico. Su mensaje es claro: «En los primeros momentos no estamos acompañando un duelo, estamos acompañando una situación de crisis».
Acompañar en la emergencia: estar sin invadir
Guijarro subraya que tras una muerte violenta e inesperada, como la ocurrida en el ámbito ferroviario, lo fundamental es no acelerar procesos ni imponer tiempos. «Cada persona tiene su propio ritmo y sus propios recursos internos, aunque la experiencia sea compartida», explica. Desde BETIRAKO, el acompañamiento se centra en reducir el impacto emocional inicial, protegiendo a la persona y evitando intervenciones intrusivas. «No se trata de hacer muchas preguntas ni de dirigir el relato. Los mensajes deben ser breves, claros y muy realistas», señala.
Uno de los errores más habituales, advierte, es patologizar el sufrimiento desde el inicio. «Hablamos de una experiencia traumática, pero eso no implica necesariamente un recorrido patológico. Muchas personas descubren recursos internos que no sabían que tenían».
La red de apoyo, clave para la recuperación
En tragedias como la del tren de Córdoba, el entorno cercano adquiere un papel determinante. «La red de apoyo es uno de los principales indicadores de pronóstico», afirma Guijarro. Familia, amistades y personas disponibles funcionan como anclaje emocional para que el duelo pueda transitarse de forma saludable.
Alerta, eso sí, de algunas señales que deben vigilarse con el paso del tiempo: niveles muy altos de ansiedad, estrés persistente, somatizaciones, narrativas repetitivas del suceso, negación, evitación o la incapacidad de retomar la vida cotidiana.
Cómo explicar la muerte a niños y adolescentes
Uno de los aspectos más delicados tras una tragedia es el impacto en menores y adolescentes. La psicoterapeuta insiste en que decir la verdad desde el inicio es esencial, siempre adaptando el lenguaje a la edad evolutiva y madurativa.«Hay que respetar su ritmo, validar su emoción y permitir que participen en el proceso de duelo y en los rituales, siempre que estén preparados», explica. En el caso de adolescentes, añade, «es fundamental pedirles opinión y que se sientan escuchados».
Cuando las figuras de apego han fallecido, como ha ocurrido en algunos casos recientes ampliamente difundidos por los medios, es necesario identificar figuras de referencia alternativas, aunque sean temporales, mientras se acompaña a las principales para que puedan volver a estar disponibles.
BETIRAKO: acompañar el duelo en Euskadi
BETIRAKO es un servicio de la Cooperativa de Iniciativa Social Agintzari, con financiación subvencional, especializado en la atención psicológica a personas en situación de duelo. Su objetivo es mitigar el sufrimiento, facilitar la elaboración del duelo y prevenir consecuencias futuras.
A lo largo de su trayectoria, el servicio ha acompañado a más de 1.580 personas en Euskadi, ofreciendo atención individual, familiar y grupal, además de intervención directa en situaciones de crisis y urgencia en centros educativos, hospitales, residencias o catástrofes.
El equipo, formado por terapeutas especialistas en duelo, trabaja tanto de forma presencial como online en Bizkaia, Gipuzkoa y Araba, y también desarrolla tareas de asesoramiento, formación y divulgación.
«A veces no hay que decir nada, solo estar»
El mensaje final de Begoña Guijarro es tan sencillo como poderoso. «A las familias que están viviendo esto, hay que decirles que todo lo que sienten es legítimo y que se lo permitan». Y para quienes acompañan sin saber cómo hacerlo, una clave esencial: «Cuidar es mucho más sano que intentar que no piensen. En ocasiones no es necesario decir nada, solo estar».
Un mensaje que cobra especial sentido en momentos en los que el dolor colectivo vuelve a recordarnos la fragilidad de la vida y la importancia de acompañar con humanidad.