“Dos muertes en dos días… eso no es fácilmente digerible. Te hace cuestionar la seguridad, las inversiones… todo. Principalmente la seguridad”. Son las palabras de Carmelo, quien nos cuenta la presión que sienten los maquinistas en momentos críticos. En conversación con Radio Nervión, Carmelo Zaita, jubilado y exmaquinista de FEVE, Euskotren y Metro Bilbao, comparte su visión sobre la reciente tragedia ferroviaria de Adamuz y reflexiona sobre la difícil labor de quienes se encargan cada día de conducir trenes con responsabilidad absoluta.
Situaciones difíciles de gestionar
El veterano recuerda cómo su propia carrera estuvo marcada por situaciones límite: “He tenido sorpresas, descarrilamientos, atropellos con muerte… que te dejan un pozo durante días, difícil de gestionar”. Para Carmelo, la seguridad no es negociable: “La seguridad te la dan las señales y los boletines que te van dando a lo largo del recorrido. Tener certeza de que estás solo en la vía… eso lo dice todo. Eso es lo que nos permite confiar en que no va a pasar nada”, asegura. Y añade un ejemplo que pone los pelos de punta: “Me he visto con trenes de frente. Hubo tiempo, reacción y salvamos la situación, pero eso queda ahí, grabado en la memoria”.
Habla también del peso emocional que arrastran estos accidentes: “Puedes acabar con depresión, ansiedad terrible… cuando al final tampoco es responsabilidad tuya. Fallos humanos hay, pero los efectos quedan. Recuerdo el accidente de Urduliz. Es imposible borrarlo de la cabeza”.
Huelga de maquinistas
Carmelo también analiza la convocatoria de huelga de los maquinistas tras los recientes accidentes: “Es una llamada de atención. La huelga en sí no va a solucionar nada, pero sí obliga a que se revise todo, a ser transparentes y garantizar que el tren esté seguro. Hay que sentarse a hablar y hacer un repaso de todo lo que puede haber pasado”.
El maquinista jubilado describe además cómo ha cambiado la tecnología y la forma de trabajar en los trenes: “Antes era todo manual, ahora tienes pantallas, instrumentos de medición de voltajes, frenos… todo llena tu atención profesional. Pero al final tu responsabilidad es la circulación y la seguridad. La seguridad no admite atajos”.
En cuestión de segundos, pasa todo
Sobre la alta velocidad y los márgenes de error, Carmelo advierte: “Un tren de estos, cuando quiere frenar a máxima velocidad, tarda casi un kilómetro. Si ocurre algo en un viaducto o un cruce de vías… el margen de error es mínimo. En cuestión de segundos, pasa todo. Lo he vivido y no es broma”.
Vivir pendiente de la vía
Y no olvida el lado humano: “Los maquinistas vivimos pendientes de la vía, de los árboles, de los muros… de todo. Cada día hay que vigilarlo todo, y aún así, hay cosas que son impredecibles: desprendimientos, árboles que caen… es imposible controlarlo todo. Por eso, cada accidente nos recuerda lo delicado que es nuestro trabajo”. Carmelo habla también de `la soledad de la cabina´. «Porque de tener algún problema emocional, lo vas rumiando todo por el camino y eso no es nada bueno, hasta tal punto que la percepción te puede cambiar».
Marcar la diferencia entre la seguridad y la tragedia
Carmelo Zaita transmite con claridad y emoción la realidad de un oficio donde la responsabilidad y la presión van de la mano con la formación y la experiencia, recordando que detrás de cada tren hay vidas humanas y decisiones que pueden marcar la diferencia entre la seguridad y la tragedia.
“Este accidente ha roto la confianza de cierta gente por algún tiempo. Es hora de restablecerla”, concluye, llamando a que se revisen protocolos y se garanticen medidas de seguridad efectivas, sin olvidar el lado humano que acompaña cada viaje ferroviario.