La eliminación de la Variante de Rekalde, una reivindicación histórica del barrio, no será una realidad hasta 2034. Así lo ha anunciado el diputado foral de Infraestructuras y Desarrollo Territorial , Carlos Álzaga, durante su comparecencia en comisión de las Juntas Generales, donde ha explicado que la nueva fecha supone un retraso de dos años respecto a lo anunciado anteriormente.
Según Alzaga, el aplazamiento se debe a la complejidad técnica del proyecto y a los procesos administrativos necesarios para garantizar que el derribo del viaducto se realice con todas las garantías. Ha subrayado que la demolición no podrá iniciarse hasta que entre en funcionamiento la nueva alternativa viaria, “al menos un día después”.
Jarro de agua fría
El anuncio ha generado una fuerte reacción por parte de la oposición. Desde EH Bildu califican la nueva fecha como “un nuevo jarro de agua fría” para los vecinos y vecinas de Rekalde. Elkarrekin ha reclamado que se deje de “marear y engañar a la ciudadanía”, exigiendo una fecha concreta que se cumpla. El PP, por su parte, ha acusado a la Diputación de engañar a un barrio que lleva décadas soportando el ruido, la contaminación y la inseguridad de un “mamotreto” viario.
Los socialistas, socios en el equipo de gobierno foral, han pedido evitar el término “retraso”, señalando que se trata de una tramitación compleja con múltiples condicionantes técnicos.
Defensa de los técnicos
En su respuesta, Alzaga ha rechazado las acusaciones de falta de impulso político. Ha recordado que en 2023 se consignaron seis millones de euros para el proyecto, lo que a su juicio demuestra la voluntad política de llevarlo a cabo. “Cuando uno se pone a diseñar, se encuentra con cosas que no esperaba, y aquí ha pasado eso”, ha afirmado.
El Diputado ha insistido en que no se ha retirado “ni un céntimo” del proyecto ni se ha planteado su paralización. Ha explicado que los estudios técnicos han revelado la necesidad de extremar las precauciones para proteger las viviendas más frágiles del entorno y evitar daños estructurales durante las obras.
Alzaga ha defendido con firmeza el trabajo de los técnicos implicados, dos empresas externas “de primerísimo nivel”, y ha considerado una falta de respeto poner en duda su labor. “Yo a los técnicos les defiendo a muerte. Hay que hacer las cosas bien; lo fácil sería cerrar como esté y que salga mal, y entonces no hablaríamos de seis años, sino de quince”, ha señalado.
El responsable foral ha reconocido que el nuevo calendario puede resultar decepcionante para el vecindario, pero ha asegurado que los plazos actuales responden a datos técnicos que antes no se conocían con el nivel de detalle actual. “Si alguien dio fechas antes, no tenía toda la información”, ha concluido.