OPINIÓN de Belén Ollero

San Blas, en Abadiño, es mucho más que las vacas y los bueyes

La feria demuestra que su fuerza está en la tradición, el ambiente y la gente que la vive desde siempre
Puesto de rosquillas, tortas y cordones. / Radio Nervión

La feria de San Blas de Abadiño mantendrá su esencia a pesar de que este año no haya vacas ni bueyes por la dermatosis nodular contagiosa. Y es que está cita es mucho más, sobre todo para quienes hemos crecido con esta tradición.

Marcada en rojo en el calendario de los abadiñarras y de numerosos vizcaínos, cuenta con numerosos atractivos. Las rosquillas, los cordones bendecidos, los talos, la feria de ganado, la agrícola cerca del trinquete o la de artesanía en Txanporta, pero sobre todo destaca el ambiente, el buen ambiente que se respira. Grandes y pequeños se juntan para disfrutar de este día y acuden cada año a Zelalieta.

Lo cierto es que para quienes somos de Durangaldea la del 3 de febrero es una fecha muy esperada. La pena es que no suele ser festivo por lo que estudiando o trabajando a veces es más complicado ir. En ocasiones las soluciones para acudir no son las mejores. Por ejemplo, en mi época de estudiante, en el instituto, planteábamos hacer pira colectiva. Una vez incluso llegamos a hacerlo. De las consecuencias, la verdad, ya no me acuerdo.

Un día cargado de tradiciones

Si nos acercamos a disfrutar de San Blas hay una parada obligada: los puestos de rosquillas y tortas en los que también se venden los tradicionales cordones. Los hay de todos los colores, también rojiblancos o como la Ikurriña. Lo importante es ponérselo en el cuello y llevarlo durante nueve días. Pasado ese tiempo hay que quemarlo. Así no tendremos problemas de garganta, o al menos es lo que se dice. Por si acaso yo siempre me lo pongo y si no puedo ir alguien me lo regala porque  quien va compra para toda la familia.

Como no también hay que comerse un talo, faltaría más, acompañado de sidra o buen txakoli vizcaíno, por supuesto. Y dejarse llevar, siempre con cabeza, para disfrutar de los herri kirolak, los bertsos, el concierto de las txosnas…

Por todo ello San Blas, en Abadiño, es mucho más que las vacas y los bueyes, por lo que aunque este año no estén en la feria, el día promete ser una gran fiesta. Ahora solo falta que el tiempo acompañe.


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