Noa, la gatita perdida durante casi dos meses, vuelve a casa gracias a una cadena de solidaridad en Bizkaia

La pequeña apareció en una colonia felina de Ortuella y una llamada inesperada permitió un reencuentro lleno de lágrimas, abrazos y alivio
La gatita Noa / Katukin Elkartea

Noa no es una gata en adopción. Y no lo es porque su historia tuvo uno de esos finales que reconcilian con el mundo. Tras 57 días desaparecida, esta pequeña gatita negra volvió por fin a los brazos de su familia gracias a la colaboración entre alimentadoras, asociaciones y personas voluntarias que no miraron hacia otro lado. Entre ellas, la protectora Katukin Elkartea,

Todo comenzó cuando Rosa, alimentadora de colonias felinas en Ortuella y Santurtzi, pidió ayuda para una gatita joven, extremadamente cariñosa, que había aparecido hacía un par de semanas en una de sus colonias. Se dejaba coger en brazos, buscaba contacto humano y no encajaba con el perfil de un gato feral. Como ocurre tantas veces, las casas estaban llenas, pero aun así se acordó verla y ayudarla en cuanto fuera posible.

Una gata buena, pequeña… y una sospecha inesperada

El sábado pasado, al comprobar que Noa era pequeña y muy dócil, se decidió llevarla a casa de una voluntaria para desparasitarla antes de entrar en acogida. Pero nada más cruzar la puerta, sonó el teléfono. Al otro lado estaba Lorena, de KatuLovers, con una frase que lo cambió todo: “Esa gata es mía”.

Al principio parecía imposible. Lorena llevaba casi dos meses buscando a su gata… en otro barrio. Además, pensaba que era adulta. Pero los datos empezaron a encajar: pesaba menos de dos kilos y medio y, sobre todo, no tenía dientes, salvo los colmillos, porque se los habían tenido que retirar. Al abrirle la boca, no hubo dudas. El lector de chip confirmó lo impensable: era Noa.

Abrazos, lágrimas y un final feliz

La emoción fue inmediata. Lorena llegó enseguida con su madre y el reencuentro fue de esos que no necesitan palabras. Abrazos, lágrimas de alegría y alivio tras semanas de angustia. Noa volvía a casa. La historia escondía además una parte amarga: la gata se había escapado por la puerta del domicilio y una vecina, sabiendo que tenía familia, la sacó a la calle en un día de lluvia. A partir de ahí, comenzó la pesadilla. Aun así, el destino —y la constancia de muchas personas— hizo su trabajo.

Solidaridad que salva vidas

El agradecimiento es compartido. A Rosa, por cuidarla, alimentarla y no dejar de pedir ayuda desde que apareció en su colonia. A las voluntarias que, aun saturadas, dijeron que sí. Y también al trabajo en red que permitió que Noa volviera a casa.

Además, la historia deja otra buena noticia: la colonia felina de Ortuella será esterilizada dentro del programa C.E.R., cerrando así un círculo de cuidado y responsabilidad.La historia de Noa se ha compartido cientos de veces en redes sociales porque tiene todos los ingredientes que emocionan: pérdida, miedo, humanidad y un final feliz. Un recordatorio de que cuando la gente se implica, los milagros existen. Y de que, a veces, los hilos invisibles también saben volver a unir lo que nunca debió separarse.


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