La noticia ha recorrido medios internacionales esta semana: un hombre ingresó en un hospital de Toulouse con un proyectil antiguo alojado en el recto, lo que obligó incluso a activar protocolos de seguridad. Más allá del impacto mediático y del componente insólito del objeto, el caso ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión mucho más profunda: la educación sexual, el autoconocimiento y los riesgos derivados de la desinformación.
En Bilbao, la sex coach Lola DaCosta lo tiene claro. “Explorar está bien. De hecho, siempre se nos ha animado a conocernos. El problema es que no nos han explicado cómo hacerlo con seguridad”, afirma.
Del morbo al aprendizaje
Para DaCosta, el foco no debería estar solo en el objeto, sino en el contexto. “No es un problema de perversión ni de enfermedad, como se decía antes. Es un problema de desconocimiento anatómico. Hay cosas que no puedes introducir en tu cuerpo sin asumir riesgos muy serios”, explica.
La especialista insiste en que determinadas prácticas existen y no son infrecuentes, pero requieren información. “Todo lo que se utilice para la zona anal tiene que tener tope. Siempre. Si no hay una base más ancha o un sistema de sujeción, puede desplazarse hacia dentro y acabar en urgencias”, advierte.
El caso de Toulouse, subraya, no es representativo por la naturaleza del objeto, pero sí por la falta de criterio en su elección. “Lo llamativo es que fuera un proyectil. Pero lo verdaderamente importante es que, teniendo productos diseñados específicamente para el cuerpo, alguien recurra a un objeto rígido, sin adaptación y potencialmente peligroso”.
Anatomía, materiales y seguridad
DaCosta defiende que hablar de estos temas con naturalidad evita accidentes. En su espacio de Bilbao asesora sobre materiales, tamaños y cuidados. “No todo vale. Hay materiales más higiénicos que otros. Por ejemplo, el acero quirúrgico evita la transferencia de bacterias y es más seguro que ciertos productos de baja calidad”, explica.
También recalca la importancia del lubricante adecuado. “La zona anal no tiene lubricación natural. Es imprescindible utilizar lubricantes específicos, preferiblemente híbridos, que protejan la mucosa y eviten desgarros”, señala.
Su mensaje es claro: improvisar con objetos domésticos multiplica los riesgos. “No improviséis con cosas de casa. El cuerpo no es un cajón de pruebas”, afirma sin rodeos.
Educación sexual sin tabúes
Más allá de la anécdota, la sex coach considera que estos titulares deberían servir para abrir conversaciones pendientes. “Si solo nos quedamos en el escándalo, no aprendemos nada. Necesitamos educación sexual real, práctica y sin prejuicios”, sostiene.
En esa línea, organiza talleres en Bilbao donde aborda la historia de la sexualidad femenina, la comunicación en pareja y el conocimiento del propio cuerpo. “Cuando entiendes cómo funciona tu anatomía, tomas decisiones más conscientes y más seguras”, apunta.
El caso de Toulouse ha sido extremo, pero para Lola DaCosta el aprendizaje es sencillo: “El placer no está reñido con la responsabilidad. Se puede experimentar, sí, pero con información, productos adecuados y sentido común”.
Una reflexión que, lejos del morbo, invita a mirar la salud sexual como parte integral del bienestar.