Cada año, Barakaldo vuelve a mirarse en el monte. Y lo hace siguiendo un camino conocido, compartido y profundamente sentido: la subida a la ermita de Santa Águeda, en Kastrexana, una tradición que se repite el 5 de febrero y el domingo posterior, y que reúne a familias, cuadrillas, jubilados, colegios y visitantes de todas las edades.
Entre quienes no faltan nunca está Amaia del Campo, alcaldesa de Barakaldo, que este año ha vuelto a subir como una más, reivindicando el valor de una costumbre que forma parte del ADN del municipio.
“Esto es pura tradición barakaldesa”
“La gente piensa que el día grande es solo hoy, pero también sube muchísima gente el propio Día de Santa Águeda”, explica. “Sube mucha gente jubilada, pero también muchos colegios, y el domingo es cuando vienen sobre todo las familias. Esto es pura tradición barakaldesa”.
Ni el tiempo inestable frena la cita. “No perdonamos ni aunque haga lluvia”, reconoce la alcaldesa, mientras destaca la gran afluencia registrada este año. “Hoy ha subido muchísima gente”.
Una tradición vivida desde la infancia
Para Amaia del Campo, la subida no es solo institucional. Es personal. “Yo he subido toda la vida”, cuenta. “De txiki con aita y ama, luego de ama con mis hijos, con los amigos… Toda la vida. Es una tradición muy baracaldesa”.
Ese carácter intergeneracional es una de las claves de la romería, donde conviven personas mayores que no han fallado en décadas con niños y niñas que empiezan a subir por primera vez.
Talos, txakoli y la garganta protegida
La tradición no se queda solo en la visita a la ermita. “Se visita a la santa, se toma un talito y un txakoli de Kastrexana, y luego ya bajamos a casa con la tarea hecha”, resume Del Campo.
La feria que acompaña la subida es otro de los atractivos. “Se puede comprar pastel vasco, rosquillas, el cordón que se bendice aquí y que siempre viene bien para proteger la garganta”, añade.
Un Barakaldo rural que sigue vivo
Para quienes no conocen esta tradición, la alcaldesa lo tiene claro: no hay excusa. “Que no se lo pierda”, anima. “Es una fiesta del Barakaldo de toda la vida, de ese Barakaldo rural que sigue vivo”.
La subida a Santa Águeda es, además, un punto de encuentro. “Hay gente de todas las generaciones, se monta siempre una romería improvisada, y es un día para compartir y disfrutar”. Lejos del protocolo, Amaia del Campo se convierte durante esta jornada en alguien que cumple con una tradición que ha marcado su vida y la de miles de barakaldeses.