Tradición y devoción en Santa Águeda de Kastrexana: de quienes nunca faltan a quienes acaban de llegar

Manuel, con 79 años, y Martina, con solo cuatro meses, simbolizan el relevo generacional de una romería histórica
Manuel y Martina, dos generaciones unidas por una misma tradición / Radio Nervión

Cada 5 de febrero y el domingo siguiente, la ladera que conduce a la ermita de Santa Águeda, en Kastrexana, vuelve a llenarse de pasos, recuerdos y promesas cumplidas. Da igual la edad, el ritmo o el medio: lo importante es subir. Y en esa subida conviven hoy historias separadas por más de siete décadas, pero unidas por la misma tradición.

Manuel tiene 79 años y lleva haciéndola desde los 14. Martina tiene solo cuatro meses y acaba de subir por primera vez, acurrucada en la mochila de su aita y su ama. Entre ambos, toda una vida de devoción popular.

“Tengo 79 años y subo desde los 14”

Manuel viene desde Balmaseda, aunque el trayecto comienza mucho antes en la memoria. “Somos de Balmaseda, pero venimos desde Zaramillo”, explica. El viaje sigue siendo largo: tren hasta Zaramillo y, desde allí, monte arriba. “Tres horas y pico, con muchas paradas. Tranquilo”, dice con una sonrisa.

No es una subida cualquiera. Manuel empezó a venir en plena dictadura. “Desde la época del franquismo, si ves qué movida era esto”, recuerda. Guardia Civil vigilando, controles al bajar del tren, tensión en el ambiente. “Cuando bajábamos del tren había guardias por toda la carretera. Se sabían de dónde era cada uno”.

Aun así, nunca dejó de subir. Ni siquiera en los años más duros. “Luego se montaban unas movidas terribles”. También hubo caídas, brechas, vino en bota y música improvisada. “Era un desastre”, resume entre risas. ¿El motivo para seguir año tras año? Manuel lo tiene claro: “Porque me gusta esta romería. Me ha gustado siempre. Es algo muy típico”.

Hoy sube, pasa la mañana y vuelve a casa. “Ahora ya para abajo, cogemos el tren, llegamos a Balma, tomamos unos vinos y para casa”. Y lo seguirá haciendo, asegura, “hasta que el cuerpo aguante”.

Martina, cuatro meses y una tradición heredada

A pocos metros de Manuel, otra historia comienza. Martina tiene solo cuatro meses y acaba de hacer su primera subida a Santa Águeda. No ha caminado, claro: ha subido en mochila, turnándose sus padres.

“A mi madre le encanta subir a Santa Águeda de toda la vida. Hemos subido desde que éramos chiquis”, cuentan. Ahora, con la llegada de Martina, la tradición suma una generación más. “Queremos que coja la tradición desde el principio, que suba con el aitite todos los años”.

Han subido toda la familia: padres, hijos y abuelos. Los aitites, que llevan toda la vida haciendo el camino, miran ahora a Martina como la continuidad natural de algo que no se quiere perder. “Pensamos seguir subiendo todos los años”, dicen sin dudar. Eso sí, advierten entre risas: “Luego tendrá que subir andando, porque pesa”.

Dos días, una misma devoción

La subida a Santa Águeda se repite cada año en dos fechas clave: el 5 de febrero, día de la santa, y el domingo siguiente, cuando muchas familias aprovechan para mantener viva la tradición.

No es solo una romería. Es un punto de encuentro entre pasado y futuro, entre quienes comenzaron a subir cuando todo era distinto y quienes apenas empiezan a descubrir el mundo. Manuel y Martina no se conocen, pero representan lo mismo: la fuerza de una tradición que se transmite paso a paso, generación tras generación, sin importar los años ni el cansancio.

En Kastrexana, Santa Águeda sigue esperando. Y siempre hay alguien dispuesto a subir.


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