Bilbao despide a Argi Otsoa, referente del activismo social y la defensa de los derechos humanos en Euskadi

La histórica militante, impulsora del recibimiento al Aita Mari y del documental La Guerra Empieza Aquí, ha fallecido tras años de enfermedad
La militante y activista Argi Otsoa / Ecuador Etxea

Bilbao despide a una de esas personas que no pasan, sino que dejan huella. Argi Otsoa de Txintxertru falleció el pasado 5 de febrero después de convivir durante años con una enfermedad grave que decidió llevar en silencio. Sin dramatismos, sin victimismo y, sobre todo, sin frenar su compromiso. Hasta el final siguió haciendo planes, organizando iniciativas y empujando causas como si el tiempo no fuera un límite.

Quienes la conocieron coinciden en algo: Argi nunca aceptó un final impuesto. Sabía de su diagnóstico, pero eligió vivir hacia adelante. Rechazó cualquier trato diferenciado y jamás quiso dar pena. “Nadie vale más que nadie, inor ez da ilegala”, repetía, como lema y como forma de estar en el mundo.

Una vida volcada en la justicia social

Hablar de Argi es hablar de activismo en mayúsculas en Bilbao y en Euskadi. Fue parte activa de plataformas como Ongi Etorri Errefuxiatuak y del movimiento La Guerra Empieza Aquí, desde donde denunció el comercio de armas y la responsabilidad europea en conflictos internacionales.

Su implicación fue mucho más allá de la pancarta. Junto a su compañero Joseba, recorrió durante años Euskal Herria y otros territorios presentando el documental La Guerra Empieza Aquí, nacido de una investigación ciudadana sobre un barco que transportaba armas desde el puerto de Zierbena con destino a Israel. Para ella, el audiovisual no era cultura: era herramienta de conciencia.

Uno de los momentos que mejor simbolizan su capacidad de movilización fue el multitudinario recibimiento al buque de rescate Aita Mari en Bilbao. Aquella convocatoria, que logró implicar a colectivos sociales, culturales y vecinales, llevó su sello personal: constancia, llamadas interminables y una fe inquebrantable en que la ciudad respondería. Y respondió.

El activismo cotidiano: del almacén solidario al Renault 4L

Pero Argi no se quedaba en los grandes gestos. Durante años coordinó el almacén de ropa solidaria de Santutxu, organizando recogidas, transportes y repartos. Muchas veces lo hacía en su inseparable Renault 4L, cargado hasta arriba y convertido casi en símbolo de su militancia diaria.

Era meticulosa hasta el extremo, exigente, incómoda cuando hacía falta. Pedía un paso más. No aceptaba excusas. Y, al mismo tiempo, sabía reír, ironizar y celebrar incluso en medio de la adversidad. Defendía los derechos humanos no como consigna, sino como práctica diaria: en una asamblea, en una carretera, en un almacén o ayudando a una persona concreta a resolver un problema urgente.

Una ausencia que deja huella

La noticia de su muerte ha provocado una oleada de mensajes de condolencia desde colectivos sociales y personas anónimas. “Zuk hasitakoa jarraituko dogu”, escribía alguien en redes. Seguiremos lo que empezaste. Porque si algo deja Argi es precisamente eso: continuidad.

Su ausencia pesa en el tejido social bilbaíno y vasco. Pero también deja una herencia poderosa de compromiso, coherencia y ternura combativa. Argi Otsoa no se va del todo. Permanece en cada movilización que cuestiona la injusticia, en cada gesto que no se resigna y en cada voz que recuerda que nadie es ilegal y nadie vale más que nadie.


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