Saray se levantaba a las cuatro de la mañana para desplazarse desde Santoña para trabajar en Bilbao, donde trabajaba limpiando portales. Así pasó cuatro años de su vida, hasta que decidió romper con esa vida y comenzar a planificar su sueño, su propia tienda de ropa. «Le dije a mi jefe que lo sentía, pero que no podía más, y que iba a perseguir mi sueño» recuerda. Saray sabía que la limpieza no era lo suyo, pero con una niña y esos horarios, la situación se volvía insostenible.
Después de dejar su puesto de empleo, trabajó en dos tiendas antes de emprender su propio negocio hace dos años: Sal Rosada. «En verano hice cuentas, miré lo que tenía acumulado del paro y me daba justo para comprar mercancía y coger el local». En cuestión de un par de meses, ya había encontrado el espacio y en marzo, abrió Sal Rosada.
«Mi familia dice que estoy como una cabra»
Aun así, los miedos nunca desaparecen. Saray asegura tenerlos todos los días, especialmente por lo que implica ser autónoma y por la compra de genero, uno de los mayores retos de esta aventura. «Al final, aquí somos 11.000 habitantes y tienes que tener mucho cuidado a la hora de comprar el género, no repetir mucho, estar teniendo constantemente novedades y sobre todo, el ajustar el precio».
Además de gestionar la tienda, Saray dedica parte de su tiempo a crear contenido para Instagram (Salrosadamoda). Sube videos a diario enseñando prendas nuevas. Asimismo, realiza todos los envíos nacionales a través de esta red social. Asegura que sus clientas confían en ella y que pocas veces se producen devoluciones. «Mi familia me dice que estoy como una cabra, porque sí que es verdad que pierdo demasiadas horas para ello, pero es que hoy en día la gente está acostumbrada a eso», asegura Saray.
Aun así, de cara al futuro, su objetivo es desarrollar su propia página web y lograr expandirse un poco más en el mundo de la moda.