En Santurtzi hay pérdidas que trascienden lo familiar y golpean a todo un barrio. Estos días, el grupo de Facebook Katurtzi, centrado en el cuidado y protección de gatos, ha querido rendir un sentido homenaje a una vecina de Mamariga que durante años dio de comer cada tarde a los gatos de la zona, convirtiéndose en un referente silencioso de compromiso y empatía.
No han hecho falta nombres propios. Todos sabían quién era. La mujer que, a última hora del día, aparecía puntual en la acera, mientras los gatos la esperaban junto al portal. La que nunca fallaba. La que entendía que cuidar también es un acto cotidiano, discreto y constante.
Una despedida que une al barrio
El mensaje publicado por Katurtzi refleja el sentir colectivo: “Es una gran pérdida donde salimos perdiendo tod@s: su familia, los gatitos a los que ella daba de comer y tod@s nosotr@s”. Las palabras han ido acompañadas de decenas de comentarios cargados de emoción, agradecimiento y tristeza.
Vecinas y vecinos recuerdan cómo observaban desde sus ventanas esa escena diaria que ya formaba parte del paisaje del barrio. Otros comparten experiencias similares, como el caso de otra mujer que cuidaba una colonia felina en Mundaka. El denominador común es claro: personas anónimas que sostienen con su tiempo y su cariño el bienestar de animales sin hogar.
El legado de quienes cuidan sin hacer ruido
La historia de esta vecina de Mamariga pone en valor una realidad muchas veces invisible: el trabajo voluntario de quienes alimentan y vigilan colonias felinas urbanas. Sin focos, sin reconocimiento oficial, pero con una constancia que marca la diferencia en la vida de los animales.
“¿Y ahora qué será de ellos?”, se preguntan algunos mensajes. La preocupación por los gatos demuestra hasta qué punto su labor era conocida y apreciada. Desde el propio grupo Katurtzi aseguran que seguirán pendientes de la colonia, manteniendo vivo el espíritu solidario que ella representaba.
Un homenaje sencillo, pero profundo
En tiempos en los que las prisas dominan el día a día, la figura de esta mujer recuerda que la bondad también habita en los gestos pequeños. Alimentar a unos gatos cada tarde puede parecer algo simple, pero para quienes la conocían era mucho más: era compromiso, sensibilidad y humanidad.
Santurtzi despide así a una vecina que quizá no ocupó titulares en vida, pero que deja una huella imborrable en su barrio. Porque, como escribía una de las participantes en el homenaje, “desgraciadamente en este mundo no abundan las buenas personas que se preocupan de los animales como lo hacía ella”.