En pleno Casco Viejo de Bilbao, a escasos metros de la estación de San Nicolás, hay un bar que forma parte de la pequeña liturgia nocturna de la villa. El Stop and Go es, para muchos, ese lugar donde “tomarse la última” antes de coger el tren o el metro. Un gesto casi automático que se repite generación tras generación.
Desde hace cuatro años, al frente del local está Tatiana, que asumió la responsabilidad de mantener viva la esencia de un establecimiento con mucha historia a sus espaldas.
Autenticidad sin modas
“La esencia de Stop and Go está en su autenticidad. No sigue modas ni intenta reinventarse constantemente”, explica Tatiana. El bar tiene una identidad clara, forjada con el tiempo: “rockera, honesta, un poco rebelde y muy cercana”. Esa personalidad se respira nada más cruzar la puerta. No es un local que persiga tendencias pasajeras, sino que ha construido su carácter con coherencia. “Lo que nos diferencia es esa sensación de autenticidad y carácter”, subraya.
Rock, libertad y comunidad
La estética rockera y motera no es una estrategia de marketing, sino parte del ADN del establecimiento. “Ha crecido de forma natural y forma parte del ADN del bar. Genera una sensación de libertad y crea comunidad entre los clientes”, afirma. La música juega un papel fundamental. “La música es el corazón del bar y define su ambiente”. Rock sonando de fondo, una cerveza fría en la mano y un buen pintxo en la barra: esa combinación se ha convertido en el emblema del Stop and Go.

Mucha historia, mismo espíritu
El local acumula años de trayectoria y diferentes etapas. Cuando Tatiana tomó las riendas, tuvo claro el enfoque: “Quise respetar su tradición y al mismo tiempo darle un impulso nuevo y cuidadoso”.
Gestionar un bar con tanta historia no es sencillo. “Es una gran responsabilidad mantener el equilibrio entre tradición y evolución”, reconoce. El público también ha cambiado con el tiempo. “Es muy variado, desde clientes habituales hasta turistas. Ha cambiado un poco con los años, pero el espíritu sigue siendo el mismo”.
Y hay algo que emociona especialmente a Tatiana: “Es muy emocionante cuando antiguos clientes vuelven después de años y sienten el mismo ambiente”.
La última antes de volver a casa
La ubicación, junto a la estación, ha ayudado a consolidar ese ritual de la última copa. Pero para Tatiana no es lo decisivo: “La ubicación ayuda, pero lo que realmente hace que la gente vuelva es el ambiente”. En una época en la que todo pasa también por la pantalla, el bar mantiene su filosofía clara. “Las redes sociales nos ayudan a llegar a nuevos públicos, pero la verdadera experiencia se vive en persona”.
El mayor desafío, admite, es “responder a expectativas diferentes” sin perder la identidad. Y mirando al futuro, no duda: “Lo más importante es mantener la autenticidad y el espíritu del bar”. Así, entre acordes de rock, conversaciones que se alargan y trenes que esperan, el Stop and Go sigue siendo ese lugar donde Bilbao se despide de la noche. Un pequeño refugio con carácter propio que, para muchos, forma parte de sus recuerdos.
