Lo que le pasó a Iván este fin de semana en La Benedicta no es una anécdota. Es un aviso. Un golpe de realidad. Un peligro que está ahí, en el suelo, donde nadie mira… hasta que pasa algo.Iba paseando con su perra, atada, como siempre. Un paseo normal por una zona muy transitada. En cuestión de segundos notó que el animal se inquietaba. Le salía un hilo por la boca. Tiró con cuidado. Y lo vio claro: un anzuelo.
Gastrocopia de urgencia
Si ese hilo no hubiera asomado, quizá no se habría dado cuenta hasta que el daño fuera interno, grave, irreversible.
Iván la cogió en brazos y salió corriendo a una clínica de guardia en Sestao, Veterinaria La Palmera. Intentaron extraerlo manualmente. No fue posible. Tocaba ir más lejos, a Bilbao, a Veterinaria Elkano, donde le practicaron una gastroscopia de urgencia para evitar abrirle el estómago.
La perra tuvo suerte. Mucha. No hubo desgarros graves. Al día siguiente, estaba aparentemente bien.
Casi 1.500 euros de gasto, además del susto
Pero la factura fue otra historia: 1.300 euros la intervención, más 165 euros de la primera atención. Casi 1.500 euros en una mañana. Iván lo dice claro: lo pagó porque quiere a su perra. Pero también reconoce algo que remueve por dentro: no todo el mundo puede permitirse ese gasto de golpe. ¿Qué habría pasado si no hubiera tenido el dinero?
Ese anzuelo no cayó del cielo. Alguien pescó. Alguien dejó restos. Alguien no recogió. Y ese “descuido” se convirtió en una cirugía de urgencia, en horas de angustia y en un riesgo real.Los perros van a los olores, sí. Pero también podría habérselo clavado un niño jugando, alguien corriendo, cualquier persona que pisara donde no debía. De hecho, vecinos aseguran que no es la primera vez que aparecen anzuelos en la zona del muelle y el relleno.
Luego generalizamos. “Los dueños de perros son unos cerdos”. Pero cuando la irresponsabilidad viene de otro lado, el silencio pesa más. Según las palabras de Ivan, esto no va solo de una perra. Va de civismo. De responsabilidad. De entender que lo que se deja en el suelo no desaparece, se convierte en problema. Y a veces, en tragedia.