A todos nos ha pasado alguna vez: te levantas de la cama o del sofá con rapidez y, durante unos segundos, todo da vueltas. Esa sensación de mareo, a veces acompañada de visión borrosa, debilidad o incluso un pequeño aturdimiento, resulta más común de lo que parece y, en la mayoría de los casos, tiene una explicación sencilla.
El cuerpo necesita unos instantes para adaptarse cuando pasamos de estar tumbados o sentados a ponernos de pie. En ese cambio, parte de la sangre se acumula en las piernas y el organismo debe reaccionar con rapidez para mantener un buen riego al cerebro. Cuando ese ajuste se retrasa, aparece el mareo. A este fenómeno se le conoce como hipotensión ortostática o postural.
Aunque lo habitual es que se trate de episodios aislados y sin gravedad, conviene prestar atención cuando los mareos se repiten, duran más de lo normal o aparecen junto a otros síntomas.
Pequeños gestos que ayudan a prevenir el mareo
Incorporar algunos hábitos sencillos en el día a día puede marcar una gran diferencia y reducir la probabilidad de que aparezca ese molesto aturdimiento al levantarse. Levantarse con calma es uno de los gestos más importantes. Al despertar, resulta aconsejable sentarse primero en la cama, apoyar los pies en el suelo y esperar unos 30 segundos antes de ponerse en pie. Si el mareo aparece, lo mejor es volver a sentarse y repetir el proceso más despacio.
La hidratación también juega un papel clave. A veces, el mareo surge simplemente porque falta líquido en el cuerpo. Beber agua de forma regular a lo largo del día y tomar un vaso al levantarse puede ayudar, sobre todo si estos episodios aparecen con más frecuencia por la mañana.
Antes de incorporarse, mover las piernas facilita que la sangre suba con mayor rapidez al cerebro. Basta con mover los tobillos arriba y abajo unas cuantas veces o apretar las pantorrillas durante unos segundos para activar la circulación.
Cuándo conviene prestar más atención
Existen factores que pueden empeorar los mareos al ponerse de pie. El calor intenso, las duchas muy calientes, el alcohol, el ayuno prolongado o pasar mucho tiempo en reposo favorecen estos episodios, por lo que conviene extremar la precaución en esas situaciones.
También resulta importante revisar la medicación si los mareos comienzan tras iniciar o cambiar un tratamiento. En estos casos, lo recomendable es consultarlo con un especialista y no suspender ningún medicamento por cuenta propia.
Escuchar al cuerpo, mantener una buena hidratación, no saltarse comidas y priorizar un descanso reparador ayuda a prevenir estos mareos. Si aparecen desmayos, caídas, falta de aire, dolor en el pecho, palpitaciones o dificultad para hablar, conviene consultar cuanto antes al médico.