El parque Doctor Areilza o más conocido como el parque de los monos de Portugalete vuelve a sufrir el golpe de los amigos de lo ajeno. Esta vez no han sido los monos, robados en pleno confinamiento y repuestos dos años después. Ahora la pieza desaparecida es el búho de bronce, del que no hay rastro desde mediados de febrero. En su lugar solo queda la estructura con forma de árbol, utilizada como peana, con claros signos de haber sido arrancada a la fuerza.

Un parque marcado por los robos
El episodio remite directamente a octubre de 2020, cuando seis esculturas de bronce desaparecieron del mismo entorno. Aquellas piezas —dos monos y cuatro patos, instaladas en 2009— rendían homenaje al pasado de este espacio, que durante años funcionó como una especie de pequeño zoológico urbano. El conjunto, junto al búho ahora sustraído, supuso una inversión municipal de 30.000 euros.
Tras aquel robo, el Ayuntamiento presentó denuncia y la Ertzaintza inspeccionó chatarrerías del entorno, ante la sospecha de que las figuras se habían robado para revender el bronce al peso. La investigación no permitió recuperar las esculturas, lo que obligó a encargar dos nuevos monos, fabricados con el mismo molde que los originales. La reposición costó 13.000 euros y se completó en noviembre de 2022.
Ahora, con la desaparición del búho, el departamento de patrimonio municipal debe presentar una nueva denuncia para esclarecer lo ocurrido. Mientras avanza la investigación, el vacío que deja el búho vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad del patrimonio urbano frente a un tipo de delincuencia que busca beneficio rápido a costa de piezas con valor histórico y simbólico.