Loiu llora la pérdida de Dolores, su amama más emblemática, fallecida ayer a los 103 años, apenas unos meses antes de cumplir 104. Se marchó en casa, sentada en el sofá, “como un pajarito”, en palabras de su familia a Radio Nervión. Con ella se va una parte viva de la historia del pueblo, pero queda el recuerdo imborrable de su sonrisa y su energía contagiosa.
De Tximelarre a Loiu
Dolores nació en el barrio de Tximelarre, en Galdakao. Siendo muy joven comenzó a trabajar en La Josefina, la planta de Usansolo perteneciente a Bridgestone, que en 2024 cumplió 124 años de historia.
Su yerno recuerda cómo se levantaba a las cuatro de la mañana para entrar a trabajar a las seis. Iban andando hasta la fábrica, en una época en la que el sacrificio formaba parte de la vida cotidiana. Aquellos años forjaron su carácter fuerte y trabajador.
Una historia de amor valiente
Se enamoró de Juan, viudo y padre de tres hijos, algo que en aquellos años no estaba bien visto. Pero Dolores nunca se dejó llevar por las habladurías. Se casaron y ampliaron la familia con Nekane y Joseba. En casa siempre se consideraron cinco hermanos y, según recuerdan, “se han llevado fenomenal” toda la vida.
A los 60 años quedó viuda. Él era mayor. La pérdida la sumió en una profunda depresión. “No avanzábamos ni con psicólogos”, cuenta su yerno. Durante un tiempo pareció apagarse. Pero un día algo cambió.
Dolores decidió que tenía que recuperar el tiempo perdido. Y lo hizo.
Desde entonces se apuntaba a todo. Siempre con una sonrisa. Era inseparable de sus amigas, jugaba a cartas a diario en el centro de jubilados, disfrutaba del pintxo y de su clarete. Cuando le preguntaron al cumplir 100 años cuál era su rutina, respondió con naturalidad: levantarse, hacer punto, comer, ir a jugar la partida, tomar un pintxo… y un clarete.
Le encantaba estar rodeada de gente, especialmente de niños. Siempre llevaba gominolas en los bolsillos para repartir entre los más pequeños. Era su debilidad.
Amama de la Korrika
Uno de los momentos más felices de su vida reciente lo vivió con 96 años, cuando participó en la Korrika como la “amama de la Korrika”. Recorrió su kilómetro junto al Alcalde de Loiu Josu Andoni Begoña muy emocionada. Aquel día se convirtió en símbolo de vitalidad y compromiso con el euskera, una lengua que en sus tiempos no pudo aprender. “Fue uno de los momentos que más disfrutó”, recuerdan en casa.
Anécdotas
A los 99 años fue operada de la córnea. Cuatro días después acudió a revisión y el especialista le dijo que la córnea era como la de una persona de 50 años, procedente de un donante italiano. Ella, fiel a su memoria histórica, respondió: “Menos mal que es de un italiano; si llega a ser de un alemán no lo quiero, que bombardearon Gernika”, en referencia al ataque sufrido por la villa foral en 1937. Al cumplir 100 años recibió un cariñoso homenaje en el Ayuntamiento, rodea de los suyos.

Su lucidez y su carácter no la abandonaron nunca y su pueblo tampoco la olvidará.