La Trosky, la drag que conquista Oviedo y lanza un guiño a Bilbao: “Cada vez que voy vuelvo enamorado”

La artista transformista, entrevistada en Tele Bilbao, reivindica sus raíces, su trabajo con Las Fellini y su evolución sobre el escenario
"La Trosky", una artista que no deja indiferente a nadie / cedida

Hay personajes que se maquillan. Y hay otros que, cuando terminan de hacerlo, nacen. Eso es exactamente lo que le ocurre a La Trosky cada vez que se sienta frente al espejo. “Tú me ves maquillándome y estoy callado… pero a medida que avanzo digo: ya llegó la señora”, contaba entre risas en su entrevista para Tele Bilbao.

La Trosky  «sin t antes de la s»—nombre artístico de Óscar— es hoy uno de los rostros imprescindibles de la noche ovetense. Artista drag, performer y transformista, ha convertido su estética en una firma inconfundible: cabeza completamente calva, maquillaje hiperbólico y una feminidad exagerada que desafía etiquetas. Pero detrás del personaje hay una historia mucho más íntima.

De Colombia a Asturias: una historia de raíces y escenario

Nacido en Colombia y llegado a España por un proceso migratorio familiar, encontró en Asturias un paisaje y una cultura que le recordaban a casa. “Asturias es muy parecido a lo que tenemos en Colombia… en paisaje, en gente, en comida”, explicaba. Ese arraigo fue clave para empezar de cero.

Su vínculo con el escenario viene de antes del drag. “Yo vengo de la danza”, recuerda. Fue bailarín de ritmos latinos y aprovechó incluso sus primeros vestuarios de baile para construir el personaje. La Trosky nació casi por casualidad, cuando un amigo DJ le propuso actuar calvo, con un body rojo y apenas una pestaña y un labial. Aquella decisión estética terminó convirtiéndose en identidad.

El nombre también tiene historia. Trosky era el nombre del perro de su padre; Osuka, una adaptación de Óscar al japonés. Y una noche, tras el comentario de una compañera que cuestionó que la llamaran Óscar vestida de diva, quedó sellado el artículo femenino: La Trosky.

“Soy un chico introvertido… pero cuando llega Trosky es todo lo contrario”

En la entrevista reconocía algo que sorprende a quienes solo la conocen sobre el escenario: “Soy un chico un poquito introvertido. Me cuesta relacionarme”. El maquillaje funciona como máscara, como armadura y como puerta de entrada a una versión expansiva y magnética de sí mismo.

Su espectáculo combina humor afilado, interacción directa con el público y referencias musicales que van desde la salsa hasta las folclóricas clásicas. De hecho, reivindica esa tradición: “Se está perdiendo mucho el tema folclóricas… muchas referencias del drag que nos abrieron puertas”. Para ella, el transformismo no es una moda, sino una carrera de fondo: “Aquí tienes que tirar y tirar. Si hoy das una hora, el próximo día tendrás que dar una hora y diez”.

Las Fellini y el cariño por Bilbao

En su trayectoria hay colaboraciones que recuerda con especial cariño, como su trabajo junto a Las Fellini, a quienes define como “un ejemplo de show perfectamente estructurado”. De ellas admira la precisión, la constancia y la capacidad de hacer reír hasta las agujetas.

Y si hay una ciudad que aparece con brillo propio en su discurso es Bilbao. Ha visitado la capital vizcaína en varias ocasiones —incluso para asistir a la boda de un amigo— y no esconde su entusiasmo: “Cada vez que voy a Bilbao vuelvo enamorado. No sé si serán los vascos, la comida… no sé qué puede ser”. En la entrevista dejó claro que le encantaría regresar y pisar un escenario bilbaíno.

Para Tele Bilbao, ese guiño no pasó desapercibido. La conexión es natural: una artista que reivindica la tradición drag, que ha trabajado con referentes cercanos al público vasco y que mantiene vivo ese puente emocional entre Oviedo y Bilbao.

Una artista en cresta de ola

La Trosky es consciente de que el momento actual ofrece más visibilidad al colectivo drag y transformista. “Hay muchísima visibilidad”, afirma. Pero también lanza una advertencia: “Esa cresta de la ola hay que aprovecharla bien, porque si no te quedas en la espumilla”.

Mientras tanto, cada fin de semana sigue llenando la sala Olympo de Oviedo con noches temáticas —como su homenaje a Celia Cruz— y con ese descaro que convierte cualquier actuación en un diálogo directo con el público.

Porque cuando La Trosky entra en escena, no solo empieza un show. Empieza una declaración artística. Y Bilbao, lo ha dejado claro, está en su mapa emocional.


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