La odisea de alquilar con mascotas en Bizkaia: “Cuando dices que tienes perro, la puerta se cierra”

Dos jóvenes vizcaínas piden visibilizar una realidad cada vez más común entre quienes consideran a sus animales parte de su familia
Tatiana y Yeslka: dos situaciones y una misma realidad / RRSS Tatiana y Yelska

Encontrar un piso de alquiler se ha convertido en una carrera de obstáculos para muchos jóvenes, pero para quienes conviven con animales el camino puede ser aún más complicado. Dos vecinas de Bizkaia, Yelska y Tatiana, han decidido contar públicamente su situación para visibilizar una realidad que, según aseguran, afecta a cada vez más personas: la dificultad de acceder a una vivienda cuando se tienen mascotas. Ambas buscan alquiler en el entorno de Bilbao y la margen izquierda, pero coinciden en que el proceso suele terminar de la misma manera: cuando mencionan a sus animales, la respuesta es negativa.“Aceptan fumadores, niños… pero dices perro o gato y adiós”, resume Tatiana.

“Somos responsables, pero nos cierran la puerta”

Yelska y su pareja buscan una habitación o piso compartido en Bilbao o localidades cercanas como Portugalete, Sestao, Barakaldo o Santurtzi. Su presupuesto ronda los 400 o 450 euros para una habitación. Viven con dos animales que consideran parte de su familia: una perra de raza malinois, educada y sociable, y una gatita tranquila y muy dulce. Ambos animales están acostumbrados a vivir en casa y, según explica, nunca han causado problemas de convivencia. Aun así, muchas conversaciones con propietarios terminan abruptamente. “Intentamos explicar que están educadas, que somos limpios y responsables, pero en cuanto escuchan que hay animales ya no quieren saber nada”, lamenta. Actualmente viven de forma temporal con familiares, una situación que describen como complicada y que les ha llevado a pedir ayuda públicamente para encontrar una vivienda donde empezar de nuevo.

“Me obligan a irme a 100 kilómetros de mi abuelo con cáncer”

La historia de Tatiana refleja la misma dificultad, pero con un componente emocional aún más duro. Vecina de Zierbena, busca alquiler desde hace más de un año en la zona de las Encartaciones, la zona minera o incluso en localidades cercanas como Castro Urdiales. Vive con Leva, una perra de diez años que define como “un amor de animal”: tranquila, acostumbrada a vivir en piso y con seguro de responsabilidad civil. Sin embargo, asegura que encontrar vivienda con ella se ha vuelto casi imposible. “Siempre es no, no y no. Ni siquiera te dan una oportunidad”, explica. La situación le preocupa especialmente por motivos familiares. “Me están obligando a irme a vivir a más de 100 kilómetros de mi abuelo, que tiene cáncer, porque en la zona nadie acepta animales”, cuenta.

Mascotas, el nuevo filtro del alquiler

Las dos jóvenes coinciden en que muchas negativas se justifican por el miedo de los propietarios a posibles daños, ruido o suciedad. Pero ellas aseguran que la realidad suele ser distinta.“Hay vecinos que hacen más ruido por la noche que mi perra”, señala Tatiana.También destacan que muchas personas con animales son especialmente cuidadosas con la limpieza y el mantenimiento del hogar. “Nosotros somos los primeros interesados en cuidar el piso porque sabemos que luego es más difícil encontrar otro”, explican.

Una realidad cada vez más extendida

Su testimonio refleja una tendencia creciente: cada vez más personas conviven con animales y los consideran parte de su familia. Para muchas de ellas, renunciar a su mascota no es una opción.Sin embargo, según denuncian, el mercado del alquiler todavía no se ha adaptado a esta realidad.“Conocemos gente que ha tenido que dar en adopción a sus animales porque no les aceptaban en ningún piso”, aseguran.Ellas se niegan a hacerlo. “Nuestros animales son nuestra familia. No vamos a abandonarlos por un alquiler”.

Un llamamiento para visibilizar el problema

Tanto Yelska como Tatiana han decidido compartir su situación públicamente con la esperanza de encontrar vivienda, pero también para dar visibilidad a un problema que afecta a muchas personas en Bizkaia. “Cada vez son más las peronas que tienen animales y no hijos”, reflexionan. Por eso piden comprensión y, sobre todo, una oportunidad para demostrar que convivencia y mascotas pueden ser perfectamente compatibles. “Solo pedimos que nos conozcan antes de decir que no”.


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