Hace apenas ocho meses, dos hermanos bilbaínos decidieron dar un paso que muchos sueñan pero pocos se atreven a dar: convertir su hobby en su forma de vida. Así nació La Plaza Bilbao, un espacio que ha pasado de ser una tienda de cartas y juegos a convertirse en un auténtico punto de encuentro para la cultura friki en la ciudad.
Al frente están Rafa y Diego González, aunque a este último muchos ya le conocen como “Solid Snake”. Su historia no es solo la de un negocio, sino la de una comunidad que crece cada semana en pleno barrio de Solokoetxe.
“Se nos puso la etiqueta de frikis… y la llevamos con orgullo”
Lejos de esconderlo, Diego lo tiene claro: “Se nos puso la etiqueta y luego la cogimos, porque no quedaba otra. Pero la llevamos con orgullo”. Una pasión heredada, según cuenta, desde casa: “En nuestra familia somos todos muy originales”.
Lo que empezó como una afición a juegos de cartas como Yu-Gi-Oh! o títulos más recientes inspirados en el universo de One Piece, terminó convirtiéndose en algo mucho mayor. El punto de inflexión llegó cuando ambos decidieron dejar de ser clientes para pasar a crear su propio espacio.
De clientes a emprendedores: “No queríamos trabajar para nadie, queríamos montar algo nuestro”
La decisión no fue improvisada. Diego lo resume así: “Mi hermano empezó a trabajar en una tienda, pero se dio cuenta de que no quería ser empleado, quería ser jefe”. Con algo de ahorro y muchas ganas, dieron el salto: “Yo siempre he sido muy emprendedor… y dijimos, vamos a escalar esto y montar un negocio de verdad”.El resultado ha superado todas las expectativas. “Sabíamos que vendría gente, pero no esperábamos que tanta gente nueva se sintiera parte de esto”, reconoce.
Más que una tienda: un lugar donde quedarse
Aunque venden cartas, figuras o modelismo japonés, el alma de La Plaza va mucho más allá. Más de la mitad del local está dedicado a mesas donde jugar, aprender y compartir. “Puedes comprar en muchos sitios, pero lo que nosotros ofrecemos es comunidad”, explica Diego. Y eso se nota: torneos, partidas improvisadas y grupos que acaban quedando después en los bares de alrededor forman parte del día a día. “Es muy común que después de jugar, la gente se vaya junta a tomar algo. Se crean cuadrillas reales”, cuenta.
En una época dominada por las pantallas, La Plaza apuesta por el contacto directo. “Jugar cara a cara tiene calor, no es lo mismo que una pantalla”, afirma Diego, que también apunta al efecto postpandemia: “La gente tenía ganas de volver a reunirse”. Ese ambiente cercano también rompe barreras. Aunque muchos llegan con dudas, acaban encontrando su sitio. “Hay gente que entra y pregunta ‘¿esto qué es?’… y algunos se quedan”, dice entre risas.
“La gente tenía este espacio en la cabeza… pero no lo encontraba”
Uno de los mayores logros ha sido cubrir una necesidad que estaba latente. “Muchos nos dicen que llevaban tiempo buscando algo así”, explica Diego. Historias como la de Oier, un vecino que descubrió la tienda por casualidad y ahora acude cada semana, son habituales.También sorprende la diversidad: aunque predominan los hombres, cada vez hay más perfiles distintos. “La media de edad es más alta de lo que la gente piensa”, aclara.
El auge del mundo friki es innegable. Para Diego, internet ha sido clave: “Ahora la gente enseña lo que le gusta sin miedo”. Y eso ha impulsado sectores como el coleccionismo, donde algunas cartas alcanzan precios elevados. Aun así, lanza un mensaje claro para quien quiera empezar: “No empieces por el juego, empieza por algo que te guste, como Pokémon o One Piece, y desde ahí entras”.
Mirando al futuro: “Primero, durar”
Con solo ocho meses de vida, La Plaza ya atrae incluso a visitantes de fuera de Euskadi. Algunos llegan desde otras ciudades para participar en torneos o comprar productos difíciles de encontrar.¿El siguiente paso? Diego lo tiene claro: “Primero, durar. Y luego, quién sabe… otra tienda”.De momento, lo que han conseguido ya es notable: convertir un negocio en un punto de referencia donde compartir aficiones, hacer amigos y sentirse parte de algo. Y eso, en pleno 2026, no es poca cosa.