El cura del Valle de Mena, en Burgos, ya no pueda más. La zona afronta una situación cada vez más habitual en muchos entornos rurales: la falta de sacerdotes. Desde septiembre, el municipio cuenta con un único párroco, Ramón Gómez Ruiz, que se encarga en solitario de la atención religiosa de más de 50 localidades.
El cura, que recorre unos 50.000 kilómetros al año para llegar a todos los pueblos, quiere anticiparse a lo que puede ocurrir en los próximos meses con las numerosas fiestas y celebraciones que se suceden en verano. De ahí que haya solicitado ya a las pedanías que concreten con antelación las fechas de las misas de sus fiestas patronales. «La atención pastoral no sólo es compleja durante el año, sino sobre todo de cara al verano con las fiestas y la fluencia de personas. De ahí la petición que hago a las comisiones de fiestas y a los alcaldes, para que me comuniquen con antelación las fechas para poder hacer mejor el cuadrante con los horarios».
El sacerdote del Valle de mena reconoce que la situación es complicada pero que, afortunadamente cuenta con el apoyo de los vecinos. En estos momentos cuatro personas colaboran activamente en las celebraciones religiosas mediante la liturgia de la Palabra, lo que ha permitido mantener la actividad en muchas parroquias.
Lo cierto es que se ha llegado a esta situación, según señala, por la crisis de vocaciones y el descenso del número de sacerdotes disponibles, cada vez hay menos curas. «Son más los curas que se jubilan y mueren que los que sales del seminario por lo que no se cubren las plazas. Además al ser un entorno rural es más difícil por el mayor envejecimiento de la población y la falta de gente joven».