Orduña dibuja sus caminos entre la memoria y el futuro

El municipio traza por primera vez los 128 kilómetros de su red pública combinando archivos centenarios, testimonios vecinales y tecnología
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Inventario de Caminos Públicos en Orduña. / Ayuntamiento de Orduña

Hay caminos que no solo llevan de un lugar a otro. Hay caminos que cuentan historias. En Orduña, esos senderos que durante siglos han unido caseríos, ermitas y montes comienzan ahora a quedar fijados sobre el papel con un objetivo claro: preservar su memoria y ordenar su futuro.

El Ayuntamiento ha encargado el primer Inventario de Caminos Públicos de su historia, un trabajo que pone fin a décadas de incertidumbre sobre la titularidad de muchos de estos recorridos rurales. Hasta ahora, la ausencia de un registro oficial había dejado en manos de la interpretación (y en ocasiones del conflicto) el uso de unos caminos que forman parte del paisaje y de la vida cotidiana del municipio.

Donde los archivos se encuentran con el presente

El proyecto, desarrollado por la empresa Ingeniería Sendo, es casi un viaje en el tiempo. Para trazar con precisión cada camino, los técnicos han buceado en archivos históricos, revisado fotografías aéreas desde 1945, analizado antiguos catastros y escuchado a quienes mejor conocen el terreno: los vecinos de más edad.

Pero también han mirado al presente. Aplicaciones de senderismo, mapas digitales y registros de paso han servido para confirmar que muchos de esos caminos siguen vivos, transitados hoy como lo fueron hace décadas o incluso siglos.

“Este inventario nos permitirá gestionar con criterios técnicos lo que hasta ahora dependía de interpretaciones”, ha señalado el alcalde, Iker Santocildes, poniendo voz a una necesidad largamente compartida en el municipio.

Entre los 128,3 kilómetros identificados hay mucho más que simples vías de paso. Aparecen los antiguos andabideak, los caminos funerarios por los que transitaban los cortejos; rutas hacia ermitas, molinos o ferrerías; senderos que unían comunidades cuando las carreteras aún no existían.

Muchos de ellos nacieron al calor del auzolan, ese trabajo comunal que obligaba a los vecinos a cuidar y mantener los caminos. Una tradición que, más allá de su función práctica, habla de una forma de entender la comunidad.

Un mapa para convivir

El inventario no solo mira al pasado. También pretende evitar conflictos en el presente y ordenar el uso de estos espacios compartidos. Cada camino contará con su ficha, su código y su historia, diferenciando entre la red principal asfaltada y los caminos secundarios que aún conservan su carácter más natural.

Antes de su aprobación definitiva, el documento será presentado públicamente en Orduña y en sus juntas administrativas, abriendo un periodo de alegaciones para que vecinos y propietarios puedan aportar su visión.

Porque, al final, estos caminos no pertenecen solo a los mapas ni a los archivos. Pertenecen a quienes los han recorrido durante generaciones y a quienes seguirán haciéndolo.

Y ahora, por primera vez, también quedarán escritos.


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