De mercadillos y verdades incómodas

El auge de comprar barato ¿necesidad o conciecia?
Tienda de segunda mano. / Depositphotos

Siempre me han gustado los mercadillos. Perderme entre montañas de ropa, libros, objetos imposibles… rebuscar sin prisa, con la sensación de que en cualquier momento puede aparecer ese pequeño tesoro al que darle una segunda vida por muy poco dinero. Hay algo casi romántico en eso. Aunque, si soy honesta, también hay algo de trampa: muchas veces compramos no porque lo necesitemos, sino simplemente porque es barato.

Esa misma sensación es la que, de un tiempo a esta parte, he empezado a reconocer en plataformas como Wallapop o Vinted, y también en esas tiendas de segunda mano que han ido apareciendo en ciudades como Bilbao. Espacios cuidados, ropa bien colocada, clientela que rompe el tópico. Gente bien vestida, que podría comprar en cualquier tienda… pero está ahí.

El otro día escuché a dos mujeres, elegantes, de esas que uno imagina paseando por la Gran Vía, comentar entre perchas algo así como: “La de veces que he comprado yo en la calle Ercilla y en El Corte Inglés…pero tal y como está todo…”. Y no hacía falta que terminaran la frase. Se entendía perfectamente.

¿Necesidad o conciencia social?

Porque quizá esa es la pregunta de fondo: ¿compramos de segunda mano por conciencia o por necesidad?

Nos gusta pensar que es por sostenibilidad, por economía circular, por ese deseo —cada vez más presente— de consumir de forma responsable. Y es verdad, hay una parte de todo eso. Reutilizar, alargar la vida de los objetos, reducir el desperdicio… suena bien, y además es necesario.

Pero también está la otra cara. La inflación, la cesta de la compra disparada, la sensación de que el dinero cada vez alcanza para menos. Y eso no solo se nota en la ropa. También se está trasladando a los supermercados, a las marcas blancas, a esa búsqueda constante del precio más bajo.

Quizá estamos cambiando hábitos, sí. Pero no solo por convicción, sino también por contexto.

La otra cara de la moneda

Y en medio de todo esto, aparece otra contradicción muy humana: la del “ya que estamos…”. Ese impulso de pensar que, si todo está difícil, mejor disfrutar ahora. Comprar, gastar, no dejar nada para mañana “por si acaso”. Como si conviviéramos entre dos extremos: el de apretarse el cinturón y el de lanzarse sin red.

Así que vuelvo al mercadillo. A esa imagen que siempre me ha gustado, pero que ahora miro con otros ojos. ¿Estamos aprendiendo a consumir mejor o simplemente adaptándonos como podemos? ¿Compramos menos… o compramos distinto? ¿Elegimos calidad… o precio?

No tengo una respuesta clara. Pero sí la sensación de que algo está cambiando. Y quizá lo más interesante no sea solo cómo compramos, sino por qué lo hacemos.

Ahí es donde está la conversación. Y ahí, tal vez, también la oportunidad de repensarnos.


Deja un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.


Cover Art
0:00 0:00