Cinco años después de la brutal agresión homófoba que sufrió en Basauri, Ekain Perrino intenta reconstruir su vida. Tenía 23 años cuando fue atacado por un grupo de jóvenes en el parque Bizkotzalde y ahora, con 28, reconoce que las heridas físicas cicatrizaron, pero las psicológicas siguen presentes.
Su caso ha vuelto a la actualidad tras conocerse la sentencia judicial, y en una entrevista a Joseba en el programa La Kapital de Telebilbao ha relatado cómo ha vivido todo este tiempo y cómo le marcó aquella madrugada.
Inconsciente tras los golpes
La agresión ocurrió una noche de 2021. Ekain acababa de salir de trabajar en un pub y se reunió con amigos en un parque donde solían juntarse jóvenes del barrio. “Estábamos hablando tranquilamente cuando apareció un grupo y empezaron a insultarme. Me dijeron cosas como ‘sarasa, vete de aquí, nos das asco’”, recuerda.
Ekain les respondió que no pensaba marcharse. “Les dije que si no les gustaba mi presencia, que se fueran ellos. Yo estaba ahí con mis amigos, en mi pueblo”. Fue entonces cuando comenzó la agresión. “La primera fue por la espalda. Después llegaron todas. Solo pude protegerme la cara y aguantar hasta quedarme inconsciente”.
Según explica, los golpes continuaron incluso cuando ya no podía defenderse. “Estaba inconsciente y seguían pegándome. Yo podría estar muerto y seguían pegándome”.
Entre 15 y 20 personas
Aunque en el procedimiento judicial hay once acusados, Ekain asegura que aquella noche había muchas más personas implicadas. “Se comenta que habría entre 15 y 20 personas. Mis amigas intentaban separar a uno, pero entraba otro. Separaban a uno y entraba otro”, explica. Incluso llegaron a amenazar a quienes trataban de ayudarle. “Les dijeron a mis amigas que se fueran o que también iban a cobrar”.
Finalmente, varios vecinos intervinieron para detener la agresión y ayudarle. Cuando recuperó la consciencia ya estaba en otra zona de la plaza. “Había mucha gente intentando ayudarme. La pelea se veía desde lejos, pero nadie se atrevía a meterse hasta que se dieron cuenta de que era yo”.
Una ambulancia le trasladó al hospital. Tenía la cara muy hinchada, un ojo morado y el cuerpo lleno de hematomas.
Las heridas invisibles
Ekain explica que las lesiones físicas se curaron con el tiempo, pero lo más difícil ha sido afrontar las consecuencias psicológicas. “Las heridas cicatrizaron, pero lo que vino después es lo psicológico. De eso nadie te dice si se cura o no. He tenido que aprender a vivir con ello”.
Tras la agresión comenzó tratamiento psicológico y psiquiátrico. Durante una época llegó a tomar hasta 15 pastillas al día para poder salir a la calle. “Ahora intento tomar menos, pero todavía las necesito para enfrentarme al día a día”, reconoce.
Una vida con altibajos
Cinco años después, describe su vida como “una montaña rusa”. “Hay días que estoy bien, hago todo y quiero salir. Pero hay semanas en las que me paso varios días encerrado en mi cuarto sin querer mirar el móvil”.
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A raíz de lo ocurrido también le diagnosticaron trastorno límite de la personalidad (TLP), lo que hace que sus emociones sean muy inestables. “Puedo estar feliz y de repente sentirme lo peor. Perdí el sentido de la vida durante un tiempo”. De hecho, admite que ha pasado por momentos muy difíciles. “He sido ingresado varias veces por intentos autolíticos”.
Las secuelas también se manifiestan en situaciones cotidianas. Cualquier insulto o gesto puede devolverle a aquella noche. Recuerda, por ejemplo, un episodio que vivió en Valencia. “Estaba con un chico y empezaron a insultarnos. Él quiso contestar y yo le dije: ‘vámonos’. No quería que volviera a pasar lo mismo”. Los recuerdos aparecen en forma de flashbacks o pesadillas.
“Me he cansado de ser solo la víctima”
A pesar de todo, Ekain intenta mirar hacia adelante. Reconoce que la agresión cambió su vida, pero quiere que su historia no se reduzca únicamente a lo que ocurrió aquella noche. “No soy la misma persona que era antes”, admite. “Pero también he aprendido mucho”.
Ahora su objetivo es recuperar su vida y su identidad más allá del ataque. “Me he cansado un poco de ser la víctima. También quiero que se me conozca por quién soy yo”.