Este otoño, el monte Gorbeialdea presenta un panorama insólito: casi sin setas ni hongos. Los aficionados, que cada año acuden a la zona y hacen parada en el Restaurante Barazar, confirman que la temporada micológica de 2025 ha sido “prácticamente perdida”. El motivo principal de esta escasez está en la sequía persistente. La Agencia Vasca de Meteorología, Euskalmet, calificó octubre como “muy seco”, con precipitaciones por debajo del 50% en Euskadi e incluso inferiores al 30% en buena parte de Álava.
Unai Ocerin, socio y propietario del Barazar, heredero del negocio familiar, explica que este año la clientela llega al restaurante con la misma queja: “Los clientes nos dicen que es el peor año que recuerdan, la temporada de setas ha sido un desastre”. Lo que antes eran avalanchas de gente en Barazar, Zeanuri o Urkiola, con coches aparcados en las cunetas, “este año no ha habido nadie ni coches”, añade.
Un desastre
En el Gorbea, los aficionados suelen encontrar especies como el gibelurdin (Boletus edulis), la urretxa o seta de cerdo y, ya en noviembre, el cantarelus o lengua de vaca. Sin embargo, este año la aparición de estas especies ha sido mínima. “Si lloviera algo en las próximas semanas, podría aparecer alguna seta tardía, pero ya es difícil. La temporada prácticamente se ha perdido”, lamenta Ocerin.
Para los seteros y los hosteleros del Gorbeialdea, este otoño pasará a la historia como uno de los peores para la micología, con montes silenciosos y el Barazar, tradicional punto de encuentro, sin el habitual bullicio de aficionados.
Los culpables
La causa de que esta temporada micológica sea especialmente mala está clara para los especialistas: las setas no aparecen si las condiciones ambientales no acompañan. Desde julio, las precipitaciones han estado por debajo de lo habitual en gran parte de Navarra, sobre todo en el norte, según los resúmenes de Aemet. La falta de lluvia impide que el micelio, la red subterránea de los hongos, se desarrolle correctamente, reduciendo drásticamente la aparición de setas. A esto se suma el hecho de que las temperaturas han sido más cálidas de lo normal en este inicio de otoño, otro factor que inhibe la proliferación de hongos.