Cuando comenzaron en el Muelle Marzana, Lara y Álvaro no imaginaban hasta dónde llegarían. “Éramos dos chavales de menos de 30 años”, recuerdan en la entrevista , “y empezábamos en uno de los lugares más bonitos de la ciudad, el muelle junto a San Antón”. El restaurante Mina fue creciendo como un pequeño milagro gastronómico: un proyecto íntimo, ligado desde el primer día al Mercado y a la vida del barrio que llegó a tener una estrella Michelín.

Álvaro venía de la alta cocina, pero ambos tenían claro que no querían alejarse de la esencia. “Íbamos todos los días al Mercado. Teníamos un plan B por si no aceptaban la propuesta, pero funcionó: un menú cambiante según lo que viéramos cada mañana”. Con el tiempo, ese sello personal se convirtió en una forma de entender la cocina.
Un restaurante de todos
En ese pequeño local junto a la ría, Mina fue testigo de historias: bodas, cumpleaños, celebraciones íntimas y encuentros inesperados. “Hemos formado parte de la vida de mucha gente. El Mina dejó de ser el restaurante de Álvaro y Lara para ser el restaurante de todos, de la ciudad”.
También han vivido momentos curiosos. A veces llegaban personas muy conocidas, confiesan entre risas, y era inevitable ponerse un poco nerviosos. “Alguna vez nos pidieron mesa famosos muy famosos… pero si no había sitio, no había sitio. Les tratábamos como a todos”. Tan fuerte era el vínculo con el espacio que incluso hubo clientes habituales que pidieron llevarse su silla como recuerdo.
El cierre del local del Muelle Marzana no significa adiós, sino transformación. Ese espacio, tan ligado a su historia y con una estrella Michelin a sus espaldas, tendrá ahora una nueva vida. “El Mina se convertirá casi en un club privado, un lugar para que la gente lo alquile y lo disfrute a su manera”, explican.
Nueva etapa en Ercilla
Mientras tanto, el restaurante Mina continúa su viaje. Lara y Álvaro han trasladado su proyecto a la calle Ercilla, donde arranca una etapa diferente: menos vistas a la ría, pero más inmersión en el corazón de Bilbao. Con ilusión, humildad y la misma filosofía que les llevó hasta aquí.
El Mina cambia de ubicación, pero no de identidad. Y para ellos y, para Bilbao, esta nueva apertura es solo el comienzo.