Más allá de los regalos y las cabalgatas del siglo XXI, el Día de Reyes ha sido durante generaciones en los pueblos de Bizkaia una fiesta con raíces profundas. Simbolismos rurales y ritos que combinan lo religioso, lo comunitario y lo lúdico. Lejos de las grandes carrozas urbanas, en muchos caseríos y barrios rurales la Epifanía se vivía —y aún se vive— como una jornada única que rememora tanto la historia bíblica como la vida en comunidad.
Recreaciones que son teatro vivo
En localidades como Arrigorriaga, cada 5 de enero se representa desde 1969 una auténtica obra de teatro pública basada en la historia de los Reyes Magos: desde el nacimiento de Jesús hasta la huida a Egipto. Más de 150 vecinos participan como figurantes en seis actos que mezclan devoción y dramatización colectiva. Esta representación comunitaria no solo entretiene, sino que mantiene vivo un relato milenario desde la mirada local.
Cabalgatas con historia
Mientras las grandes ciudades celebran grandes desfiles, en Bizkaia hay cabalgatas con más de un siglo de historia. La de Iurreta y Durango se considera la más antigua de la provincia, con referencias documentadas desde 1903. Cada año, miles de caramelos son repartidos puerta a puerta, pero también se recoge con entusiasmo las cartas que los niños entregan a Melchor, Gaspar y Baltasar, reforzando la sensación de cercanía entre generaciones.
En la comarca de Uribe, los Reyes Magos han llegado incluso desde el antiguo aeropuerto de Sondika en años recientes, recibidos con música y danzas locales antes de iniciar su recorrido por los pueblos. Esta mezcla de tradición y sorpresa moderna —donde los camellos a veces son sustituídos por pajes y aviones— refleja cómo las comunidades vascas reinterpretan la festividad sin perder su esencia. Actualmente, en el municipio de Sondika, sus majestades de Oriente siguen llegando al antiguo aeropuerto, en este caso a bordo de un helicóptero.
Tradiciones domésticas con sabor rural
Para muchos hogares rurales, el Día de Reyes en Bizkaia no era solo desfile y regalos: Los regalos, tradicionalmente, eran frutas de invierno, dulces caseros como mazapanes o anguilas de chocolate, frutos secos y otras delicias de temporada. Los juguetes llegaron más tarde con la industrialización y el consumo moderno. Como en otras partes del ámbito vasco, muchas familias dejaban comida y bebida para los Magos y sus camellos —agua, pan y hasta puñados de cereal— como señal de respeto a su largo viaje. El Rosco de Reyes era el gran protagonista de la mesa: un pan dulce con haba escondida. Quien la encontraba debía invitar a los demás a algo previamente acordado, transformando la comida en un juego de suerte y camaradería.