Bilbao lleva varios días mirando al cielo. Y no por lluvia. Al amanecer y al atardecer, tonos rosados, malvas y anaranjados han cubierto la ciudad y su entorno, dejando imágenes que parecen sacadas de una postal. El Arenal y la iglesia de San Nicolás, con la ría en calma reflejando los colores, se han convertido en uno de los símbolos más compartidos de este fenómeno que también se ha visto desde Plentzia, Sondika, Barakaldo y otros puntos de Bizkaia.
¿por qué ocurre este fenómeno?
Las fotografías enviadas por oyentes y lectores muestran un cielo especialmente intenso y limpio, poco habitual, que ha sorprendido incluso a quienes están acostumbrados a los cambios de luz del invierno. No es casualidad. Tras varios días de frío acusado, la llegada de una situación anticiclónica ha estabilizado la atmósfera. La ausencia de viento, la falta de nubes bajas y un aire más seco en altura crean las condiciones ideales para que la luz del sol, cuando está muy baja en el horizonte, se disperse de una forma distinta.
Transformación del paisaje urbano
En esos momentos, los colores azules se diluyen y predominan los rojos y rosados, que se intensifican aún más por la humedad acumulada en el ambiente tras jornadas frías. El resultado es un cielo suave pero vibrante, que dura apenas unos minutos y transforma el paisaje urbano en algo casi irreal.
Más frecuentes en invierno
Este tipo de escenas son más frecuentes en invierno, especialmente cuando se encadenan noches frías y días anticiclónicos como los de esta semana. En Bilbao, la combinación de la ría, la arquitectura histórica y la luz baja del sol convierte ese fenómeno físico en una experiencia emocional compartida.