Tres ganaderos de La Arboleda han comparecido este martes en la Comisión de Peticiones y Relaciones con la Ciudadanía de las Juntas Generales de Bizkaia para solicitar la mediación institucional ante lo que califican de problemas graves de seguridad y abandono en varias infraestructuras clave del entorno de El Campillo.
Los comparecientes han pedido la intervención de la Diputación Foral de Bizkaia y de la dirección de Meaztegi Golf para resolver tres cuestiones que consideran “urgentes”: el deficiente cierre del campo de golf, la inseguridad de la carretera BI-757 y la falta de servicios en la Ekoetxea de Peñas Negras.
Vallados insuficientes y una carretera peligrosa
El ganadero José Antonio Quintana Linaza ha denunciado el “estado crítico” del vallado del campo de golf Meaztegi en la zona colindante con el pastizal de Las Cármenes. “El cierre actual es una malla residencial que no sirve para la actividad ganadera”, ha advertido, tras explicar que los animales acceden al recinto deportivo sin dificultad. Esta situación, según ha relatado, ya ha provocado denuncias contra los propios ganaderos, pese a que el problema radica en la falta de un cierre adecuado.
El colectivo reclama un vallado ganadero real, con estacas y alambre de espino, que evite la indefensión de los profesionales y garantice la seguridad del ganado.
Quintana también ha puesto el foco en la carretera que une El Campillo y La Arboleda, donde denuncia falta de iluminación, atropellos de animales y accidentes de tráfico. A su juicio, los 20.000 euros de fondos públicos destinados a mejoras se han empleado “en un exceso de señalización” en tramos concretos, sin solucionar problemas estructurales como el mal pavimento o la ausencia de pasos de peatones. Además, ha alertado del uso nocturno del vial para carreras ilegales y maniobras peligrosas, con impacto directo en la seguridad y el descanso vecinal.
Peñas Negras, sin servicios básicos
La tercera reclamación se dirige a la Ekoetxea de Peñas Negras. Los ganaderos han pedido reactivar los servicios del Centro de Interpretación Medioambiental, cuyo bar permanece cerrado y que en invierno solo abre los fines de semana. Entre las demandas más llamativas figura la instalación de una toma de agua exterior, ya que la única fuente disponible está dentro del recinto vallado, lo que obliga a los usuarios a saltar la valla para abastecerse.
También han solicitado nuevos equipamientos, como zonas de juego infantil, para frenar la sensación de abandono del entorno y favorecer su uso por parte de familias y visitantes.