“Me han dicho que llevaba ahí desde ayer”. Así empieza el relato de Jessenia, la vecina de Basauri que decidió intervenir al encontrarse una cría de paloma en el suelo, inmóvil, incapaz de volar y en una zona especialmente peligrosa: muy cerca de una colonia de gatos.
La escena, tal y como ella misma explicó en el grupo donde se está compartiendo la historia, no invitaba al optimismo. Según contó, incluso un hombre la había empujado hacia la hierba con un bastón, con la intención de apartarla del paso, sin saber que ese gesto podía dejarla aún más expuesta. La cría seguía allí horas después, sin que ningún adulto acudiera a recogerla.
“La he llevado al veterinario y me la he traído a casa”, escribió Jessenia, explicando que en la clínica le enseñaron cómo alimentarla y cuidarla. Ahora, el pequeño pichón descansa en un transportín, protegido del frío y de los depredadores, mientras recibe los cuidados necesarios hasta que pueda volar por sí solo. “Cuando pueda volar, la soltaré”, añadió.
Un pichón indefenso que no pasó desapercibido
La imagen que acompaña al relato muestra a una cría aún cubierta de plumón amarillento, con el cuerpo redondeado, el pico oscuro y los ojos atentos, encogida dentro de una caja de cartón. Su aspecto frágil dejó claro para muchos que no se trataba de un ave lista para volar. Y así lo hicieron saber en los comentarios. “Eso es un pichón, no un volantón”, advertían algunos miembros del grupo. “En el suelo es solo cuestión de tiempo que un gato o una rata se la coma”. Otros añadían que, incluso aunque los padres aparezcan, una cría que no puede ganar altura en vuelo difícilmente supera la noche, ya sea por el frío o por los depredadores.
Consejos, advertencias y apoyo en el grupo
La historia generó un intenso intercambio de mensajes. Algunas personas compartieron experiencias previas en las que las crías fueron recogidas por sus padres tras soltarlas en zonas tranquilas. Pero varias respuestas insistieron en que ese consejo no funciona en todos los casos, especialmente cuando el animal lleva horas abandonado o es demasiado pequeño. “Ya me han dicho que lo que me dijeron a mí en otros casos no funciona siempre”, respondía otra vecina, reforzando la decisión de Jessenia. El apoyo fue mayoritario: mensajes de agradecimiento, advertencias sobre el peligro real y recomendaciones de refugios especializados en palomas, con un mensaje claro y repetido: “Cuídala, por favor”.
Una historia que sigue volando por el grupo
Lo que empezó como un hallazgo casual en una calle de Basauri se ha convertido en una historia compartida, comentada y debatida en el grupo, poniendo el foco en una realidad habitual pero poco visible: la de las crías de aves urbanas que caen del nido y no sobreviven si nadie actúa.Esta vez, la decisión de Jessenia de no mirar hacia otro lado ha dado a esta pequeña paloma una oportunidad. Y su historia, mientras tanto, sigue volando de móvil en móvil, despertando conciencia, preguntas y un poco más de empatía hacia la fauna que convive con nosotros.