En los últimos meses, el Muelle de Marzana es uno de los lugares de Bilbao de los que más se ha hablado. Tanto por su conflicto con las terrazas como por el cierre de uno de sus restaurantes más icónicos, el Mina. El propietario de otro de los locales, el Medikopa, denuncia en Radio Nervión la situación que está atravesando los últimos meses.
«Estos últimos años han sido muy frustrantes para mí y para mi hermano. Lo único que queremos es sacar el negocio adelante, las familias que tenemos trabajando con nosotros, porque nos gusta lo que hacemos, que es la hostelería. Es algo muy duro, y más aún por el hecho de tener no solo la presión vecinal, sino de un grupo concreto de la Policía Municipal de Bilbao«, asevera Ander.
En ese sentido, denuncia que «cada cinco semanas» recibe la visita de estos policías para sancionarle. «Muchas veces me han llegado sanciones que ni siquiera me han notificado» como una por tener las puertas abiertas más allá de las once de la noche. «Si yo las terrazas tengo que guardarlas a las doce… ¿Qué hace más ruido? ¿Una terraza o una puerta abierta?«, se lamenta. Cifra en «más de tres mil euros» el dinero que ha tenido que abonar en concepto de multas durante el último año.
Por eso mismo, solicita a la Policía que «en vez de sancionar e irse, deberían arreglar el problema«.
Pide empatía a los vecinos
Ander afirma que las quejas de los vecinos en los últimos años también han complicado bastante su trabajo. Comprende la situación de los vecinos, pero también les pide tener algo de empatía con estos locales.
«Entiendo que un local de hostelería genera ruido. Pero es difícil vivir en el centro de Bilbao y no escuchar algo de ruido, ya sea por la noche, la tarde o el mediodía. En las calles, y sobre todo si estás más cerca del suelo, como en estos pisos que son antiguos se escucha todo», afirma.
Y añade: «Los hosteleros estamos en un punto en el que nos están cosiendo a impuestos por todos lados. No sabemos ya ni por dónde respirar, y a nada que respiramos un poco y que nuestra calle funcione, ya se piensan que nos estamos ‘montando en el dólar’. Ahí es donde vienen las quejas y las protestas vecinales. Ahí es cuando viene un poco de todo, quiero recalcar que con la hostelería no te vas a hacer millonario, simplemente vas a dar vida a un barrio. Por mucho que los viernes hagamos un poco de ruido, creo que también le puede venir bien al barrio», concluye.