Jesús, el bilbaíno que cruzó Europa en furgoneta para ayudar a Ucrania: “El llanto de los niños me tocó el corazón”

Cuatro años después del inicio de la guerra, este vecino de Otxarkoaga recuerda una experiencia que le marcó para siempre
Jesus Fernández junto a un niño ucraniano hace cuatro años / cedidas

Han pasado cuatro años desde que comenzó la guerra en Ucrania y desde que Jesús Fernández, vecino de Otxarkoaga, tomó una decisión que cambiaría su vida. Cogió una furgoneta de nueve plazas, dejó temporalmente su empresa de puertas y persianas Zuatzu, se despidió de su hijo y de su familia, y emprendió un viaje de más de 3.600 kilómetros rumbo al este de Europa para ayudar a quienes huían de las bombas.

“Esas cosas cuando las haces te vienen de dentro”, recuerda ahora. “A mí me tocó el corazón. El llanto de los niños me tocó el corazón”.

«No hubo tiempo para dudarlo»

En aquellos primeros días de la invasión rusa, mientras millones de personas escapaban de Ucrania sin saber dónde pasarían la noche, Jesús no se lo pensó dos veces. Cargó la furgoneta con ropa, alimentos y ayuda básica y puso rumbo a Hungría. “Estuvimos allí toda la tarde. Había café, alimentos, pequeñas comunidades esperando. Dejamos los teléfonos por si alguien nos necesitaba. Como no nos llamaron, seguimos hacia Rumanía. Me quedaban 600 kilómetros”, contaba entonces desde la carretera.

Hoy, cuatro años después, revive aquella experiencia con la voz entrecortada. “Fue muy enriquecedora en lo personal. Muy dura, pero muy bonita”, asegura. Se emociona especialmente al recordar una imagen: la de un niño ucraniano abrazando un león de peluche. “Era el león de mi hijo. Se lo llevé y se lo di. Esa foto es algo muy especial para mí”.

«Todo lo que hice me salió del corazón»

Aquel gesto resume, en parte, el espíritu con el que viajó hasta la frontera: ayudar sin esperar nada a cambio. “La gente está muy desorientada cuando huye. El que sale deja su casa al lado, su vida entera. Es muy agresivo todo lo que están viviendo”, explicaba entonces tras recorrer miles de kilómetros.

Jesús confiaba en poder traer familias a Bilbao y estaba convencido de que recibirían apoyo institucional y ciudadano. “Hay una asociación de ucranianos en Bilbao, las instituciones nos echarán una mano y si no, tengo mi casa. Amigos con casa en Laredo también me han dicho que para lo que necesite”, afirmaba.

Cuatro años después

Cuatro años después, mantiene la misma convicción. Cuando le preguntamos si volvería a hacerlo, no duda: “Sí. Si me tocara el corazón igual que entonces, lo volvería a hacer. Hay decisiones que no se piensan, se sienten”.

En este cuarto aniversario de la guerra, mientras el conflicto sigue dejando víctimas y desplazados, la historia de Jesús Fernández recuerda que, incluso en los momentos más oscuros, hay gestos individuales capaces de encender pequeñas luces. Su viaje no cambió el rumbo de la guerra, pero sí cambió la vida de varias familias y la suya propia.


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