Hay mascotas que dejan mucha huella en las personas. Por eso mismo, no es de extrañar que muchos quieran inmortalizarlas de una manera especial, más allá de una simple fotografía. Es el caso de Aitor, un pintor «de brocha gorda» y empapelador de Portugalete que triunfa con sus retratos a pastel de mascotas que ya traspasan fronteras.
«Siempre me ha gustado dibujar y estar con un lápiz en la mano. Cuando mi hija era pequeña cogí un libro que tenía de animalitos y probé a pintar uno. Ahí empezó todo. Luego una amiga me dijo a ver si le podía hacer el suyo y como salió bien, poquito a poco», explica a Radio Nervión.
Aitor sigue considerando esto como un hobby, pese a que su éxito traspase fronteras. «Por contactos me han conocido. Mi hermano tiene unos amigos en México y se han llevado para allá algún retrato. Una mujer de Mallorca también me pidió uno. Yo pensaba que era de Portu también y al final se lo tuve que enviar por correo», explica.
Aún así, tampoco quiere ‘profesionalizarse’ ni lucrarse con este trabajo: deja muy claro que lo único que cobra a sus clientes es para poder cubrir los gastos de materiales que utiliza para realizar sus obras. «Las cartulinas de grano y las pinturas pastel no son nada baratos y lo que cobro es para que los gastos no salgan de casa», asevera.
Muchos de sus retratos, de mascotas fallecidas
Tampoco se suele poner ningún límite de tiempo para realizar sus obras, si bien deja claro que «si un buen día me engancho, puede caer un dibujo en una tarde«. De hecho, es ahora en los meses de frío y lluvia cuando más suele pintar. «En verano casi que lo dejo olvidado, a no ser que venga algún encargo», añade.
Aitor cifra en «bastantes más de la mitad» los encargos que recibe de «perros o mascotas que ya han fallecido o que han tenido que dormir» y que sus dueños quieren tener un recuerdo especial de ellos. «Muchos me dicen que tienen muchas fotos, pero que un retrato no es lo mismo«, concluye.