El mercado inmobiliario de segunda mano continúa en territorio alcista en 2026, y Euskadi está entre las comunidades donde comprar una casa es más caro y más complicado de acceder. Según el último índice de precios de idealista, el precio promedio de la vivienda usada en Euskadi superó los 3.400 €/m² a comienzos de año, con señales de crecimiento continuo frente a meses anteriores y respecto al año pasado.
En concreto, los datos de idealista muestran que Euskadi alcanzó una media de 3.460 €/m² a comienzos de 2026, lo que mantiene a la región como una de las más caras de España para comprar una vivienda de segunda mano, solo por detrás de Baleares y Madrid.
Getxo, Donostia y el empuje de los municipios costeros
El aumento de los precios no se limita a la media autonómica. Algunos municipios y zonas del entorno urbano han registrado cifras especialmente elevadas. Un ejemplo claro es Getxo, en Vizcaya, donde el precio por metro cuadrado alcanzó los 4.543 €/m² en febrero de 2026, con subidas cercanas al 12% interanual y un crecimiento persistente mes a mes.
En Donostia-San Sebastián, la ciudad más cara de Euskadi y una de las capitales con mayor demanda del país, los anuncios inmobiliarios reflejan precios medios muy altos incluso en barrios tradicionales. En zonas como Antiguo o Gros, el valor de pisos usados oscila ampliamente, con viviendas que en muchos casos superan los 750.000 € o más, reflejo de la fuerte presión sobre la oferta en el entorno urbano vasco.
Una tendencia que acompaña al alza nacional
Este comportamiento regional se produce en un contexto de máximo histórico en toda España. El mercado de vivienda usada en el conjunto del país se sitúa en niveles récord, con precios medios que superan los 2.600 €/m² y subidas interanuales muy pronunciadas, fruto de la combinación de demanda sostenida y oferta escasa.
La evolución del mercado en ciudades y municipios de Euskadi y su entorno inmediato refleja una tendencia clara: la vivienda usada cada vez cuesta más, y el acceso a la propiedad se complica especialmente en zonas costeras y metropolitanas. Esta presión sobre los precios plantea desafíos importantes tanto para quienes buscan su primera vivienda como para las familias que quieren mudarse dentro de la comunidad.