Hemos quedado con Markel en una pista que conoce bien, la de Fadura. Circunstancias de la vida le han llevado a entrenar en Zorrotza, pero aquí, en el tartán azul de Getxo, aprendió a amar el atletismo de la mano de su primera entrenadora, Nadia Castelo. Ahora, aquel niño que sorprendía en Bizkaia por su velocidad y «su forma rara» de correr se ha convertido en campeón de España absoluto en pista cubierta de 400m.
La cara de Markel es transparente; mirarle es ver felicidad. El duro trabajo ha merecido la pena. Detrás de ese oro que cuelga de su cuello no todo son alegrías. Entrenamientos doblados, problemas físicos que superar y una pista cubierta que queda a más de cien kilómetros: «Hay que ir a entrenar a Anoeta porque aquí no hay pista cubierta. Es una paradoja, pero soy campeón de España y líder del año habiendo entrenado al aire libre la mayoría de las veces y en condiciones muy duras. Competir en Donostia nos supone un gasto cercano a los 100 euros cada vez que vamos. Es hora de que las instituciones vizcaínas inviertan en atletismo y tengamos la pista cubierta que tanto demandamos. Por nosotros y por las nuevas generaciones; hay un fondo de armario muy bueno que hay que cuidar», reivindica.
El campeonato
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Este título no ha sido barato. Además, la final en dos series y correr la primera alargó el sufrimiento que provoca la duda: «Cuando miré el crono y vi 46.69 pensé que podía haberlo logrado, pero tampoco era una marca excepcional y pensé: “Espera cinco minutos y lo sabrás”. Y así fue». Terminó la segunda serie y Markel ya supo que tenía entre sus manos su primer oro absoluto: «Quiero agradecer a mi entrenador, Iago Hermida, todos los sacrificios que hace para llegar a estos logros y a la gente que creyó en mí y a los que siempre están conmigo en lo bueno y en lo malo». Ahora toca esperar la confirmación de si la Federación cuenta con él en las próximas citas internacionales y seguir buscando metas: «Sabemos que podemos seguir mejorando».