Con la llegada del 8 de marzo, en Orozko, una panadería vuelve a teñir de morado uno de sus productos más especiales. Desde hace casi una década, Aida, responsable de la panadería Iza, elabora cada año unos panes simbólicos cuyo objetivo va más allá de la alimentación: recaudar fondos para asociaciones que trabajan con mujeres.
La iniciativa comenzó hace nueve años, cuando decidió buscar una forma de implicarse desde su propio oficio. “Yo soy feminista y entonces era un poco también mi forma de militar con mi trabajo”, explica. La cita se repite también cada 25 de noviembre con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
El resultado fue un pan morado que llama la atención a primera vista. La masa se elabora con maíz morado para conseguir el color característico y se presenta en formato redondo. Sobre la corteza, dibujan con harina el símbolo de la mujer, reforzando el mensaje que acompaña a la iniciativa.
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Un pan solidario que cambia de destino cada año
Todo el dinero recaudado con su venta se dona íntegramente a diferentes organizaciones relacionadas con la ayuda a mujeres. A lo largo de los años, la panadería ha colaborado con distintas entidades para apoyar causas diversas. Entre ellas, la investigación para la cura del cáncer de mama metastásico —una campaña que surgió en un momento especialmente cercano para el municipio—, asociaciones que ayudan a mujeres víctimas de trata o colectivos que acompañan a mujeres con cáncer. “Muchas veces todos los problemas que sufrimos las mujeres están invisibilizados en muchas situaciones”, señala Aida, que intenta cada año elegir asociaciones diferentes para “tocar varios palos”.
Para esta edición del 8M, todavía está cerrando el destino de la donación. Ha contactado con dos organizaciones y espera confirmación para decidir a cuál irán finalmente los fondos.
La producción también tiene un límite. Aida compagina esta iniciativa con su trabajo diario en la panadería y calcula elaborar entre 180 y 200 panes. La respuesta de la clientela, asegura, siempre ha sido muy positiva. “En el entorno en que me muevo, con la clientela que tengo, la aceptación es de 10”, explica.
Para muchas personas, comprar este pan se ha convertido en una forma sencilla de colaborar con la causa. Un gesto pequeño, pero colectivo, que cada año suma nuevos apoyos en el municipio.