La cervecera La Salve Bilbao ha celebrado este miércoles el undécimo aniversario de su regreso al mercado con un acto institucional en su fábrica de Bolueta, en Bilbao. La cita ha servido no solo para recordar la recuperación de una marca histórica de la ciudad, sino también para poner cifras al impacto económico y social que su actividad genera en Euskadi.
El evento ha contado con la presencia del alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto; el director general del centro tecnológico AZTI, Rogelio Pozo; y Eduardo Saiz Lekue, socio fundador de Cervezas La Salve, además de representantes del tejido empresarial y social del territorio.
Más que una celebración, el encuentro ha sido también una reafirmación del modelo de crecimiento de la compañía, basado en producto, arraigo territorial y apuesta por el impacto local.
Más de 100 millones de euros generados en la economía desde 2018
Durante el acto se han presentado las conclusiones del estudio “Impacto económico y social de su actividad, pasada y presente”, elaborado por AZTI. El informe analiza la contribución de la cervecera a la economía vasca desde 2018 y su proyección futura.
Según los datos recogidos en el informe, la actividad de La Salve ha generado más de 100 millones de euros de actividad económica entre 2018 y 2025, consolidándose como un agente tractor de riqueza y empleo en su entorno.
El estudio destaca además que el modelo de negocio de la cervecera, basado en la colaboración con proveedores locales, multiplica el impacto económico en el territorio, generando actividad, empleo e ingresos fiscales más allá de la propia empresa.
Impacto económico y laboral en 2025
Solo en el último ejercicio analizado, correspondiente a 2025, el informe estima que la actividad de La Salve ha generado importantes efectos en la economía:
Más de 30 millones de euros de incremento de la actividad económica total, más de 10 millones de euros de valor añadido, el sostenimiento de más de un centenar de empleos y una contribución fiscal superior a los cuatro millones de euros.
Más de dos tercios de este impacto económico se concentra directamente en Euskadi, impulsado principalmente por la apuesta de la empresa por trabajar con proveedores del entorno.
El socio fundador de la cervecera, Eduardo Saiz Lekue, ha destacado que el estudio confirma la filosofía del proyecto desde su origen: “ser una marca de Bilbao que genera riqueza en Bilbao y en Euskadi”.
Un modelo que impulsa el sector primario y la economía local
El análisis también pone el foco en el impacto que el modelo productivo de La Salve tiene sobre el sector primario. La empresa apuesta por ingredientes y componentes de proximidad, lo que refuerza la actividad de agricultores y proveedores locales.
Más de la mitad del impacto económico total de la compañía se genera precisamente en el sector primario, mientras que alrededor del 77 % de los empleos asociados a su actividad se concentran también en este ámbito.
Junto al sector agrícola, el comercio y la hostelería son los otros dos grandes beneficiados por la actividad de la cervecera, creando una cadena de valor que conecta campo, industria, distribución y consumo.
Un efecto multiplicador en la economía vasca
El estudio elaborado por AZTI subraya además el efecto multiplicador de la actividad de la empresa. Según el análisis, por cada euro generado por La Salve se crea más de un euro adicional de valor añadido en la economía.
La contribución fiscal también es significativa: más del 70 % de los impuestos y cotizaciones derivados de su actividad se concentran en Euskadi.
El director general de AZTI, Rogelio Pozo, ha señalado que la cervecera representa un ejemplo claro de cómo una empresa con fuerte arraigo local puede impulsar el desarrollo económico del territorio.
Una marca histórica que volvió a nacer en Bilbao
La Salve es una de las cerveceras más históricas de Euskadi. Fundada en 1886, la marca desapareció durante décadas hasta que fue recuperada en 2014 por los empresarios Jon Ruiz Ibinarriaga y Eduardo Saiz Lekue.
El proyecto contó con el apoyo del grupo Mahou San Miguel, lo que permitió reactivar la producción y abrir de nuevo una fábrica en Bilbao, recuperando así una tradición cervecera profundamente ligada a la identidad de la ciudad.