Cristina Romaña, una joven bailarina profesional de Castro-Urdiales de 25 años, lucha desde hace más de un año contra la enfermedad de Lyme crónica tras contagiarse, según relata, durante un viaje a Japón en noviembre de 2024. En una entrevista concedida a Radio Nervión, asegura que los médicos detectaron la bacteria desde el primer momento, pero que no recibió el tratamiento adecuado y que ahora afronta un proceso médico extremo en Alemania.
“Me estoy metiendo en una UCI a 42 grados por una negligencia”, afirma Cristina, que actualmente sigue un tratamiento de cinco semanas basado en hipertermias, antibióticos intravenosos y terapias complementarias. La joven explica que ya se ha sometido a dos sesiones de hipertermia y que la recuperación resulta muy dura. “La primera vez estuve diez días sin salir de la cama. Te suben la fiebre a 42 grados durante ocho horas y el cuerpo queda destrozado”, relata.
Un positivo que nadie trató
Cristina asegura que comenzó a encontrarse mal durante el vuelo de regreso desde Japón. “Me empezaron a salir heridas por todo el cuerpo y tenía fiebre. Nada más aterrizar fui a urgencias”, explica. Según cuenta, las pruebas dieron positivo, aunque nadie le informó entonces del resultado.
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“Yo di positivo al llegar y no me trataron. Si me hubiesen tratado ahí, esto se habría curado”, sostiene. La joven asegura que los especialistas la derivaron entre distintos servicios médicos y que finalmente le diagnosticaron un impétigo y la enviaron a casa con tres días de antibiótico.
Meses después, y ya trabajando en India, los síntomas empeoraron gravemente. Cristina sufrió vómitos, diarreas con sangre y problemas neurológicos. “Llegó un momento en el que no podía ni vestirme o salir sola a la calle porque luego no sabía volver”, recuerda.
Tratamientos privados y una recaudación de fondos
La joven explica que tuvo que recurrir a médicos privados para obtener un diagnóstico. Un especialista en medicina tropical confirmó finalmente que padecía enfermedad de Lyme crónica y varias infecciones asociadas transmitidas por garrapatas. Cristina denuncia además que la sanidad pública “no reconoce” actualmente su enfermedad. “Creo que admitirlo sería reconocer varios fallos”, afirma durante la entrevista.
Hasta ahora asegura haber gastado más de 35.000 euros en pruebas, consultas y desplazamientos médicos. El tratamiento actual en Alemania alcanza los 50.000 euros, motivo por el que ha iniciado una campaña de recaudación de fondos.
Pese a la dureza del proceso, Cristina mantiene la esperanza de mejorar. “Sé que mi vida no volverá a ser igual, pero confío en poder volver a trabajar poco a poco”, señala. La joven reconoce que ha tenido que aparcar temporalmente su carrera como bailarina profesional, aunque se aferra a la evolución positiva que ya empiezan a notar algunos pacientes que reciben este tratamiento.