A menos de dos horas de Bizkaia existe un pequeño pueblo que cada primavera vive una transformación sorprendente: sus habitantes se ven “superados” por una gran colonia de cigüeñas que llega para instalarse, criar y convertir la zona en un auténtico espectáculo natural.
Se trata de Villaescusa, una pedanía del municipio cántabro de Campoo de Enmedio, situada en el sur de Cantabria, muy cerca del embalse del Ebro y a poca distancia en coche desde Euskadi, lo que la convierte en una escapada perfecta desde Bizkaia.
Más cigüeñas que vecinos en un mismo paisaje
El dato que más llama la atención es la comparación directa: en el pueblo viven apenas unas decenas de personas durante todo el año, mientras que cada temporada llegan más de sesenta parejas de cigüeñas. Es decir, durante varios meses, hay prácticamente tantas cigüeñas como habitantes humanos, lo que convierte sus calles, árboles y tejados en un escenario lleno de vida y movimiento constante. Las aves llegan a finales del invierno, se instalan en los chopos del núcleo urbano y permanecen hasta el verano, criando a sus polluelos antes de emprender de nuevo su migración.
Un espectáculo natural que atrae a visitantes desde Euskadi
La cercanía con Bizkaia, a poco más de hora y media o dos horas en coche, hace que cada vez más visitantes se acerquen a este enclave para ver de cerca el fenómeno. El pueblo cuenta incluso con un mirador habilitado con prismáticos gratuitos para observar a las cigüeñas en sus nidos, lo que convierte la visita en una experiencia muy accesible para familias, curiosos y amantes de la naturaleza.
Naturaleza, historia y entorno en un mismo viaje
Además del atractivo de las cigüeñas, la zona ofrece otros puntos de interés cercanos como el yacimiento romano de Julióbriga o la colegiata de Colegiata de San Pedro de Cervatos, uno de los grandes ejemplos del románico cántabro. Todo ello en un entorno natural marcado por el paisaje del Embalse del Ebro, uno de los grandes espacios de aves del norte peninsular.
Un destino inesperado, muy cerca de Bizkaia, donde la naturaleza marca el ritmo y donde, durante unos meses al año, las cigüeñas casi ganan por goleada a los vecinos.