Como las vacas que no miran al tren. Aquella que, ante el traqueteo, se mantiene sumida en el pasto, inerte y perdida en el zarandeo de cada hierba, cada filo. Esas vacas cuyas pezuñas no reaccionan al temblor del suelo y cuyos orificios ignoran el jadeo contaminado del ferrocarril.
Esas que no levantan cabeza si no es su pasto el que otros pisan y arrasan. Rubia Gallega, Angus o Charolais; no importa el tipo, porque no es la especie, sino la altura de su vallado sobre la que descansa su ignorancia. Los convoyes que avanzan cargados de malas lenguas, estallidos de guerras, hambrunas y desastres naturales, y las vacas que, por comer su pasto, el resto ignoran, porque no es su pasto el que arde, porque no es suya la hambruna. Mientras todo se destruye; mientras quede un trocito de su pasto.
Evitación selectiva
El Digital News Report del Reuters Institute (Universidad de Oxford), encuesta a 93.000 personas en 46 países, incluida España, detecta desde hace un lustro un incremento sostenido en el porcentaje de personas que evitan activamente el consumo de noticias porque les generan emociones negativas que afectan su estabilidad emocional. Este fenómeno tiene nombre técnico: «news avoidance» (evitación selectiva de noticias).
Con todo y ante el traqueteo de un tren que no desaparece, cada día que pasa somos un poquito menos de lo otro y un poquito más de esas vacas que no miran al tren, ignorando, como ellas, que compartimos la misma tierra bajo nuestros pies.