La vida de Salek Hosien es un relato de superación, compromiso y esperanza que va mucho más allá de una historia personal. Nacido y criado en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en pleno desierto argelino, su trayectoria le ha llevado desde una infancia marcada por la escasez hasta convertirse en voluntario de la Fundación Athletic Club y miembro del Comité de Personas Migrantes de Bizkaia.
“Es muy difícil explicar qué significa ser refugiado. Nunca puedes cerrar los ojos, siempre los tienes abiertos”, relataba durante su paso por el programa Revista de Verano de Telebilbao, donde compartió una historia que emociona y sacude a partes iguales.
Una infancia en el desierto y una vocación nacida en la adversidad
Salek creció en un entorno donde, como él mismo explica, “no hay educación adecuada ni recursos básicos para la infancia”. Sin embargo, también insiste en que aprendió desde pequeño a convivir con la falta de medios sin perder la capacidad de esperanza.
“Una infancia muy dura, pero acostumbrado. No teníamos otra opción”, recordaba sobre su vida en los campamentos. Esa realidad le llevó a formarse en Argelia, donde estudió periodismo. Una decisión clave que marcaría su futuro: “El periodismo es muy importante para nosotros, porque nuestra historia está olvidada en muchos rincones”. Desde ahí comenzó a construir un puente entre la comunicación, la acción social y el deporte.
Saguia Club: el fútbol como herramienta de vida
En 2019 fundó el proyecto Saguia Club, una iniciativa educativa y deportiva para niños y niñas refugiados. El objetivo era claro: usar el deporte como herramienta de aprendizaje, integración y esperanza. “Empezamos con un balón gastado y cinco niños. Solo querían jugar y disfrutar”, explicaba.
Con recursos mínimos, el proyecto transformó materiales reciclados en equipamiento deportivo, creando incluso porterías con basura reutilizada o circuitos de entrenamiento con elementos del entorno. El propio Salek lo resume así: “El voluntariado puede abrir muchísimas puertas si se hace con compromiso y seriedad”.
De los campamentos de Tinduf a la Donosti Cup
Uno de los momentos más emocionantes de su historia llegó en 2024, cuando el proyecto fue invitado a participar en la Donosti Cup con la selección saharaui infantil. “Nunca imaginamos que algo así pudiera ocurrir. Para un niño refugiado, ni siquiera existe la idea de soñar con algo así”, confesaba emocionado.
Aquella experiencia marcó un antes y un después en su vida y en la de los jóvenes que acompañó.
San Mamés, voluntariado y un nuevo hogar en Bizkaia
Su llegada a Euskadi supuso otro salto vital. A través de organizaciones como CEAR Euskadi comenzó a implicarse en actividades sociales y voluntariado, hasta integrarse en proyectos de la Fundación del Athletic. “Me preguntaron si podía ayudar y nadie me preguntó de dónde venía. Eso me marcó mucho”, explicaba sobre su experiencia en el estadio de San Mamés.
Ha participado en eventos internacionales, como finales europeas y la Liga Genuine, siempre desde la labor voluntaria, ayudando a equipos y organizaciones en la gestión de eventos deportivos inclusivos.
“El refugiado es una persona igual que las demás”
Más allá de su historia personal, Saleh lanza un mensaje claro sobre la realidad de las personas refugiadas: “Un refugiado es una persona igual que las demás. Puede crear, ayudar y aportar si se le da la oportunidad”. También reflexiona sobre la importancia del deporte como vía de integración: “El fútbol es una herramienta muy fácil para unir a los niños. Solo necesitas un balón y ganas de jugar”.
Una historia de retorno simbólico a la sociedad
Hoy, Salek combina su labor social con su participación en espacios de integración migrante en Bizkaia, donde continúa trabajando por la inclusión y la igualdad de oportunidades. Su historia es la de alguien que pasó de no tener apenas recursos en el desierto a construir proyectos educativos, deportivos y sociales con impacto real. Y también la de una persona que no olvida de dónde viene: “Si la sociedad abre la puerta, nosotros también tenemos que abrir el abrazo para cambiar juntos”.
Una historia que no solo se escucha: se queda.