El Peñón, la puerta de entrada a la espectacular Cascada de Tobalina, celebra su segundo aniversario

Raúl, al frente del emblemático bar restaurante, ha convertido este rincón de Las Merindades en parada obligatoria para moteros y visitantes
Raúl, gerente de El Peñón de Tobalina / Radio Nervion

El próximo 7 de agosto se cumplen dos años desde que Raúl asumió el reto de ponerse al frente del Bar Restaurante El Peñón. Aunque el negocio ya era conocido en toda la comarca, él ha sabido mantener su esencia y reforzar su papel como uno de los establecimientos más emblemáticos de Las Merindades. «Llevo catorce años dedicado a la hostelería. He trabajado en Sotoscueva, en Cantabria y cuando surgió la oportunidad de venir aquí no me lo pensé demasiado«, explica.

La decisión llegó casi por casualidad. «Un conocido me comentó que el dueño se jubilaba y quería vender el negocio. Vine a verlo y al final nos animamos y lo cogimos«.

Un lugar privilegiado que enamora a quien lo visita

Raúl reconoce que antes de hacerse cargo del establecimiento no conocía el local, pero sí había oído hablar mucho de él.

«Todo el mundo me decía que era un sitio que trabajaba mucho y cuando eres joven lo que quieres es trabajar y sacar el negocio adelante«.

Hoy puede decir que aquellas referencias eran ciertas. Su ubicación convierte El Peñón en una parada casi obligatoria para quienes visitan la Cascada de Tobalina, uno de los grandes tesoros naturales del norte de España.

Cada fin de semana llegan visitantes de Burgos, Cantabria, La Rioja y, especialmente, de Bizkaia, aprovechando la cercanía con Bilbao para disfrutar de una escapada entre naturaleza y buena gastronomía. «Después de bajar a la cascada casi el cuerpo te pide sentarte a tomar un café, una caña o comer algo«, comenta entre sonrisas.

El rincón favorito de los moteros

Las carreteras de Las Merindades son uno de los destinos preferidos por los aficionados a las motos, y El Peñón forma parte de esa ruta. «Los moteros paran sí o sí. Vienen por Peña Angulo y la primera parada es aquí. Son unos clientes súper fieles y súper majos«.

Durante los meses de otoño e invierno, cuando baja el turismo, Raúl organiza conciertos y pequeñas actuaciones para mantener vivo el ambiente. «Lo hacemos para que la gente del pueblo tenga un sitio donde reunirse y pasar un buen rato«.

Raúl con su compañero, el incombustible Candi

Mucho más que un restaurante

Durante el verano hacen falta entre cinco y seis personas para atender el ritmo de trabajo que genera el turismo. «Hay momentos en los que hace falta mucho personal porque entra muchísima gente«, explica. Pero más allá del volumen de clientes, quienes conocen El Peñón destacan el trato cercano de Raúl, siempre dispuesto a conversar con quien cruza la puerta, recomendar una ruta o hacer sentir al visitante como si fuera un vecino más. Su mujer, Idoia, y su amigo Candi son piezas fundamentales del equipo.

Un aniversario para dar las gracias

Para celebrar estos dos años al frente del establecimiento, Raúl ha querido que los protagonistas sean quienes les acompañan cada día.

«Vamos a cortar un jamón al cuchillo, preparar empanadas, torreznos y un buen picoteo para todos los clientes. Dos años son dos años y queremos celebrarlo con la gente que nos apoya desde el primer día«.

Porque, como él mismo reconoce, detrás de un negocio no solo hay trabajo, también hay ilusión, cercanía y muchas conversaciones compartidas alrededor de una barra. Y eso, en un lugar tan especial como la puerta de la Cascada de Tobalina, convierte a El Peñón en mucho más que un bar: lo convierte en una parada obligatoria para quien descubre este rincón privilegiado de Las Merindades.


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