Euskadi se encamina hacia un escenario de fuerte desequilibrio demográfico que tendrá importantes consecuencias para su mercado laboral. La comunidad autónoma perderá 68.473 personas en edad de trabajar entre 2030 y 2040, lo que supone una reducción del 4,8%.
Al mismo tiempo, la población mayor de 64 años aumentará en 99.903 personas durante esa misma década, hasta alcanzar los 695.456 habitantes. El incremento será del 16,8%, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) difundidos por la Fundación Adecco.
Menos trabajadores
El Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco estima que la población vasca de entre 16 y 64 años alcanzará su máximo en 2030. En 2026, este grupo está compuesto por 1.411.800 personas. La cifra aumentará hasta las 1.424.314 en 2030, pero a partir de ese momento comenzará un descenso sostenido hasta las 1.355.841 personas en 2040.
El descenso se debe al progresivo paso a la jubilación de las generaciones numerosas nacidas desde la segunda mitad de los años sesenta y durante los setenta. Al mismo tiempo, las generaciones que se incorporarán al mercado laboral serán menos numerosas por la baja natalidad registrada desde la década de 2010.
Más mayores
La evolución será la contraria entre la población de mayor edad. En 2030, Euskadi contará con aproximadamente 595.553 personas mayores de 64 años. Diez años después, esta cifra ascenderá hasta las 695.456 personas. Son 99.903 habitantes más y un crecimiento del 16,8%.
El envejecimiento también se refleja en la estructura de la población potencialmente activa. El peso de las personas de entre 50 y 64 años pasará del 36,9% en 2026 al 37,4% en 2030, aunque en 2040 se situará en el 34,1%. De esta manera, más de una de cada tres personas potencialmente activas en Euskadi tendrá entre 50 y 64 años en 2040.
Reto para el empleo
La combinación de menos personas en edad de trabajar y un fuerte aumento de la población mayor de 64 años dibuja un escenario de creciente desequilibrio demográfico.
Euskadi tendrá que afrontar el reto de atender las necesidades de una población cada vez más envejecida y, al mismo tiempo, garantizar trabajadores suficientes para mantener su actividad económica.
El relevo generacional, la cobertura de puestos de trabajo y la sostenibilidad del sistema de pensiones serán algunos de los grandes desafíos a los que se enfrentará la sociedad vasca durante la próxima década.