Edin Terzic aprendió de primera mano lo que supone visitar a ese dentista llamado FC Barcelona. Un golazo de Raphinha reventó cuarenta minutos de resistencia de un Athletic que se plantó en el Camp Nou con la intención de protegerse y al que se le vio muy nervioso y con pocas ideas cuando tenía el balón. Tras todo lo sucedido estos días con la errónea expulsión de Yuri Berchiche y el comunicado de la entidad rojiblanca levantando la voz, las polémicas arbitrales no cesan, puesto que Xavi Espart se mereció la expulsión en una entrada sobre Laporte. Bienvenidos a la mejor liga del mundo.
Precisamente, la baja del de Zarautz y la proximidad del partido con el Celta parecieron obligar al técnico alemán a introducir alguna rotación. Hugo Rincón y Johaneko ocuparon los carriles, Jauregizar regresó a la medular en lugar de Gerenabarrena y los mundialistas Aymeric Laporte y Nico Williams partieron de inicio tras disputar los minutos finales de la derrota con el Sevilla.
Fue este último quien, con una internada por la banda izquierda, fabricó la primera acción de peligro rojiblanca. La defensa culé evitó el remate de Oihan Sancet mandando el balón a córner. Ah, por si había alguna duda, le volvieron a silbar. Cualquiera diría que su rechazo no produjo ningún resquemor en el barcelonismo. Esta ocasión fue de lo poco peligroso que vimos en los primeros minutos de partido, en los que el FC Barcelona controló el esférico. Tan solo un disparo de Lamine Yamal que no encontró portería por muy poco y una excelsa acción defensiva de Hugo Rincón que desbarató un remate de Raphinha fueron de las pocas ocasiones claras de los hombres de Hansi Flick.
Superado el cuarto de hora de partido Unai Simón tuvo que emplearse al máximo para despejar a córner otro peligroso disparo de Lamine Yamal después de que Anthony Gordon desbaratase a la zaga rojiblanca con un caño. Poco después, Gorka Guruzeta no consiguió cazar un envío en largo de Peio Canales, pero Joan García se anticipó para evitar el remate.
Poco a poco, el FC Barcelona empezaba a mostrarse más incisivo en ataque y Raphinha volvió a avisar con un cabezazo a centro de Xavi Espart que pegó en la madera. Lamine Yamal tampoco acertó a encontrar portería en el rechace. La defensa del Athletic empezaba a tener problemas para contener el caudal ofensivo de los culés.
Iñaki Williams aprovechó un balón suelto para encarar a portería y forzar una amonestación al joven Xavi Espart. Una acción que, por cierto, guardaba alguna similitud con la de Yuri del otro día. Desgraciadamente, no pudieron sacar provecho del libre directo y tras un fulgurante contragolpe Pedri mandó el balón al fondo de la red, pero en posición antirreglamentaria. Otro fuera de juego desbarató también un excelente disparo de Johaneko que no encontró portería por muy poco. Pero en la acción inmediatamente posterior, Raphinha le ganó la espalda a Yeray, recogió un gran pase al hueco de Pedri y regateó a Unai Simón para terminar definiendo a placer. El de Murgia se redimió dejando una gran parada a Lamine Yamal en el uno contra uno que evitó el 2-0.

Insuficiente reacción del Athletic en la segunda mitad
El paso por vestuarios no reactivó al cuadro rojiblanco. De hecho, Lamine Yamal volvió a estar a punto de ampliar la ventaja con otro latigazo que golpeó en el larguero. Unai Simón dejó también otra buena parada en un remate a bocajarro de Fermín.
Pero, en ataque, se veía al cuadro rojiblanco muy nervioso, optando por pases largos para pillar por sorpresa a una zaga barcelonista que se mostró muy despierta. Sin poder trenzar juego, Terzic fiaba todo a los cambios y dio entrada a Berenguer y Robert Navarro para ocupar el lugar de los hermanos Williams. De hecho, el propio Berenguer se trastabilló dentro del área tras una buena acción combinativa a la que dio inicio Yeray desde la defensa.
Tras una buena disputa de Berenguer, Oihan Sancet tuvo el empate en sus botas en un disparo desde fuera del área que golpeó en el palo. Pero en una acción absurda, en otro error imperdonable tras un centro de Adeyemi, Laporte intentó despejarla y le dejó el balón a Fermín para que rematase a placer prácticamente sobre la línea de gol. La goleada pudo ser mayor en los minutos finales, pero Unai Simón y las posiciones antirreglamentarias lo evitaron.
