La historia de Manuela es la de muchas personas mayores que cuidan en silencio y que se enfrentan cada día a unas barreras que van mucho más allá de las físicas. Desde hace dos años, su marido, Soriano, no sale de casa. No porque no quiera, sino porque hacerlo se ha convertido en una auténtica misión imposible.
La pareja vive en un piso sin ascensor en Santurtzi. Para llegar hasta la calle hay que superar 74 escaleras y después bajar desde un segundo piso. Una dificultad que, con la situación de salud de Soriano, resulta insalvable.
“Ya llevamos dos años que no le bajamos. Alguna vez, cuando se ponía más de pie, me ayudaba mi hija y le bajábamos hasta abajo, pero ahora ya no. Solo sale cuando viene la ambulancia”, explica Manuela.
Un marido dependiente y una cuidadora de 74 años
Soriano sufre una enfermedad degenerativa vascular y las secuelas de un cáncer y de la radioterapia. Aunque consiguió superar la enfermedad, su estado físico le impide moverse con normalidad.
“El médico me dice que tiene que salir a la calle, que le falta vitamina D. Y yo le digo: ¿cómo le llevo? No puedo”, cuenta Manuela, que se encarga de sus cuidados diarios.
La situación también afecta a las tareas más básicas. “Ya no le puedo llevar ni al podólogo. Le tengo que cortar yo las uñas y arreglarlo como puedo”, relata.
A sus 74 años, Manuela reconoce que la espalda ya no le permite hacer esfuerzos físicos. “Si tengo que llevarle en silla de ruedas por cuestas, tampoco puedo”, asegura.
Un piso con ascensor para recuperar la normalidad
La petición de Manuela es clara: encontrar un piso de alquiler con ascensor, preferiblemente en la zona de Las Viñas, en Santurtzi, donde tienen su vida hecha y cuentan con sus apoyos.
“No estoy pidiendo que me den un piso. Yo quiero pagar un alquiler, pero necesito una vivienda que sea coherente con nuestra situación”, explica.
Manuela ya ha acudido a los servicios sociales y ha solicitado ayuda al Gobierno Vasco, pero sigue esperando una respuesta. “El Ayuntamiento me lo ha arreglado todo y lo ha expuesto claramente, pero estoy en la cola y no me llaman”, lamenta.
El problema añadido es el elevado precio de los alquileres. La pareja mantiene su vivienda actual porque Manuela teme quedarse sin un lugar al que volver si alquila su piso y el nuevo contrato falla. “No puedo vender mi piso porque si luego necesito volver, ¿qué hago?”, explica.
Una llamada a la solidaridad de Santurtzi
Manuela no busca privilegios ni una solución imposible. Solo una oportunidad para que su marido pueda volver a salir de casa, pasear, tomar el aire y recuperar una parte de la vida que ha perdido.
“Lo que necesito es poder sacarle a la calle. No tengo animales ni nada, solo sería para estar con él y cuidarle”, señala.
Por eso hace un llamamiento a quien pueda disponer de una vivienda en alquiler adaptada a sus necesidades, especialmente en Las Viñas o zonas cercanas de Santurtzi.
“Muchas veces hay gente que tiene un piso y no sabe a quién alquilarlo. Igual en un caso como el nuestro alguien nos puede ayudar”, afirma.
Detrás de esta petición hay una historia de cuidados, esfuerzo y una realidad cada vez más presente: la de personas mayores que quieren seguir cuidando de los suyos, pero necesitan viviendas adaptadas para poder hacerlo.
Porque para Manuela un ascensor no es solo una comodidad. Es la diferencia entre que su marido siga encerrado entre cuatro paredes o pueda volver a sentir el sol en la cara. Por ello, nos ha dejado su número de teléfono, por si alguien supiera de un alquiler a poder ser por la zona: 699 824 115