De las medias maratones al oro mundial: la historia de Nuria, atleta de Mungia

La deportista del Durango Kirol Taldea logró en el Mundial Máster de Daegu el título W50 de 2.000 metros obstáculos
Imagen de Nuria en el podio tras lograr el oro mundialista / Radio Nervión

Nuria comenzó en el atletismo con solo siete años. Durante su infancia y adolescencia pasó por varios equipos y siguió compitiendo hasta los 19. Después decidió dejarlo para centrarse en los estudios. En aquella época, además, vivir del deporte resultaba especialmente complicado para una mujer.

Pasaron los años y, con los hijos ya algo mayores, volvió a ponerse las zapatillas. Tenía entre 38 y 40 años y empezó a participar en carreras populares, sobre todo en medias maratones. En 2021, después de la pandemia, el Durango Kirol Taldea la fichó y comenzó una nueva etapa deportiva. Fue entonces cuando se adentró en una disciplina que terminaría llevándola hasta lo más alto: los obstáculos.

De los récords al oro mundial este verano

En septiembre de 2023 disputó en Pescara, Italia, su primer Campeonato de Europa al aire libre. Allí compitió en los 2.000 metros obstáculos de la categoría F50. Unos meses después llegó otro momento importante. En julio de 2024, durante el Campeonato de España de Alcobendas, Nuria batió por primera vez el récord del mundo F50 de los 2.000 obstáculos, con una marca de 7:34. Un mes más tarde, en agosto, participó en su primer Mundial al aire libre, celebrado en Gotemburgo, y volvió a registrar esa misma marca.

En junio de 2025, en La Nucia, Alicante, volvió a batir el récord mundial de su categoría y dejó el registro en 7:30. Sin embargo, el camino hacia el Mundial de Daegu no resultó sencillo. En julio, después de competir en La Nucia, sufrió una lesión durante un entrenamiento. Decidió seguir trabajando porque en octubre tenía una cita importante: el Campeonato de Europa de Madeira.

Allí volvió a proclamarse campeona de Europa, aunque una nueva lesión volvió a complicar su preparación. A partir de entonces comenzó una carrera contrarreloj para llegar en condiciones al Mundial. El trabajo con su readaptador y su fisioterapeuta resultó fundamental para recuperar la forma y superar las recaídas y los momentos más complicados.

Después de meses de esfuerzo, llegó en agosto a Daegu en condiciones para competir y consiguió uno de los grandes éxitos de su trayectoria: el título mundial W50 de 2.000 metros obstáculos.

El Mundial Máster de Daegu también le permitió afrontar otros retos. Además de los 2.000 metros obstáculos, Nuria participó en los 800 metros, prueba en la que alcanzó la final, y también tomó parte en los 5.000 metros. En 800 novena , séptima en el 5000 y en equipo quedaron cuartas en relevo de 4×100 F40.

Calor, comida y alguna que otra anécdota

La experiencia en Corea del Sur tuvo además algunas dificultades añadidas. El calor fue uno de los grandes inconvenientes durante la competición. La mayoría de los días, las temperaturas rondaban los 35 grados, con una humedad cercana al 50%: «Eso te genera una sensación térmica de unos 39 o 40 grados». A las altas temperaturas se sumaban las tormentas, que también hacían más complicado competir por el calor que acumulaba el asfalto.

La comida fue otro de los pequeños retos durante la estancia: «Es bastante diferente a lo que estamos acostumbrados». Y a todo ello se sumó un viaje largo y cansado, especialmente exigente para un atleta que llega a un campeonato de este nivel.

A pesar de las dificultades, Nuria destaca la organización del Mundial y el cuidado de los detalles por parte de los anfitriones coreanos.

La estancia en Daegu también dejó espacio para las anécdotas. Al llegar a la habitación, Nuria y sus acompañantes no encontraban el armario. Finalmente localizaron lo que parecía una especie de nevera alargada y estrecha. Al abrirla encontraron dos perchas y dieron por hecho que aquel era el armario, aunque les parecía demasiado pequeño.

La sorpresa llegó cuatro días después: «Nos enteramos de que era una secadora para la ropa». Una confusión que todavía recuerdan entre risas.

La adaptación a la comida coreana también tuvo sus momentos divertidos. El primer día encontraron un restaurante que les pareció interesante y allí les sirvieron palillos. Al día siguiente aparecieron, además, unos tenedores. Y al tercero, directamente, un cuchillo y un tenedor: «Nos vieron desesperadas».

Entre entrenamientos, competición, calor, lesiones y alguna que otra anécdota, la atleta de Mungia completó en Daegu uno de los capítulos más importantes de su carrera. Una historia que comenzó a los siete años, se detuvo durante más de dos décadas y volvió a arrancar con las carreras populares. A los 50 años, aquella segunda oportunidad en el atletismo ya tiene un oro mundial en el palmarés.


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