En redes sociales circula una afirmación que presenta la diversidad sexual como una especie de “contagio”: según este discurso, una persona podría convertirse en lesbiana, gay o bisexual por la influencia de sus amistades, de la escuela, de las redes sociales o de recibir educación sobre diversidad. No hay evidencia científica que respalde esta afirmación.
Bulos: la educación sexual y el ser cotagioso
Otro de los mensajes habituales sostiene que hablar de diversidad sexual en las aulas puede hacer que niños y adolescentes “se vuelvan” homosexuales o bisexuales. Esto es falso ya que no hay pruebas de que la educación sexual integral aumente la actividad sexual ni adelante su inicio. Por tanto, enseñar sobre sexualidad y diversidad no equivale a imponer una orientación sexual.
La idea del “contagio” también puede alimentar otro mito: que ser homosexual, bisexual o tener una determinada orientación sexual constituye un problema que debe corregirse.
Las instituciones lo dejan claro
La OMS recuerda que las denominadas terapias destinadas a cambiar la orientación sexual no tienen justificación médica, no están basadas en evidencia y pueden poner en riesgo el bienestar de las personas. La ONU, además, señala que la orientación sexual y la identidad de género no pueden utilizarse como motivo para negar derechos y que las personas LGTBQ+ deben estar protegidas frente a la discriminación y la violencia.